miércoles, 13 de junio de 2012

" F(x) = tan 55 " página 13


Estaba viviendo con una persona que tranquilamente podría haber sido blanco de mis objetivos anteriores. No era ni siquiera útil para la sociedad, mucho menos para el mundo. No trabajaba, era despectiva con la gente de menores recursos, le gustaba despilfarrar dinero en productos innecesarios (por lo que malgastaba recursos naturales), etc.
Nunca la había tenido como objetivo porque mi inconsciente seguro lo bloqueaba. Era casi lo único que me hacía feliz y donde sentía que experimentaba mi naturalidad. El sexo es quizás lo único natural que pude disfrutar como ser humano, y no siempre. Cuando lográs abstraerte totalmente de lo que es la sociedad y solo te concentrás en el momento, en experimentar al otro, en disfrutar y hacer disfrutar al otro, etc.
Sentía que no podría hacerlo. Pensé en contratar a alguien para que lo hiciera por mí, pero tampoco podía. Intenté llamar a un asesino a sueldo que conocía, pero luego de marcar no me salió la voz.
Cada día que pasaba pensaba en la mejor manera de hacerlo, pero no me animaba. Con solo verla ya desistía. Si estaba en la cocina o comiendo, veía el cuchillo al lado mío y me tentaba. O en muchos momentos que estaba de espaldas mío, partirle algo por la cabeza. Incluso haciendo el amor o durmiendo con ella, ahorcarla o ahogarla.
Pasó el tiempo y ya ni matar a otros podía. No tenía ganas ni estímulos para hacerlo. Era realmente horrible matar y aunque mi objetivo me seguía sonando totalmente lógico, no quería seguir con eso.
Pensé en matarme pero era escapar a los problemas. Había encontrado un sentido real, una misión, para dar paso a algo nuevo. Si me mataba todo seguiría igual y toda mi vida y sufrimiento no hubieran servido para nada.
Un día me puse insultar a la sociedad, mientras mi mujer miraba las noticias. Ella se quejaba de cosas superfluas y me sacó fuera de quicio. Empecé a insultarla y discutimos. Le pegué una trompada y le pedí disculpas. Me puse muy mal y ella intentó irse a su habitación enojada.
En esos segundos sentí que mi vida había perdido el rumbo nuevamente, no entendía nada y dejé de pensar. Me salió como un instinto animal, la agarré del brazo y la violé. La esposé contra una silla y le tapé la boca. Ese día la habré violado 14 veces.

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