Como aclaré al principio de toda la
historia aquí fue donde empecé a escribir. No tenía ninguna otra cosa mejor que
hacer en prisión y tampoco nos permitían mucho.
Es gracioso que al momento de entrar
creía que todos los delincuentes me iban a respetar y a aceptar como uno de
ellos. Había sido el que más personas había matado y era famoso.
Un pensamiento muy idiota la verdad ya
que los líderes de la prisión no querían competencia y nadie iba a idolatrar a
un ex policía. Al principio estaba en un lugar especial, aislado de los demás,
ya que mi caso estaba muy mediatizado y no había terminado el juicio. Pero una
vez dada la sentencia, pasé a convivir con el resto de los reclusos y choqué
con la realidad.
Entré a una celda sucia donde dormiría
junto a otros 3 presos. Intenté establecer una buena relación, para no tener
problemas, desde el principio. La respuesta de todos fue una simple sonrisa
cómplice. Uno se levantó y me dijo que si quería sobrevivir debía hacer todo lo
que ellos dijeran. Lo miré con mala cara y me dirigí a mi cama.
Esperaba que intentara golpearme, ya
que es común tener que hacerse respetar en este ámbito. Se ve que tuvo una
mejor idea y esperó a que salgamos todos al patio. Absolutamente toda la
prisión me miraba mal, como si me estuvieran probando. Yo no tenía miedo de
demostrar nada, sabía pelear y estaba dispuesto a hacer lo que fuese necesario.
En un momento mis compañeros de celda
y otros 2 se acercan mientras yo estaba haciendo gimnasia. Me preguntan mi
nombre y por qué estoy ahí. Les comenté quién era (adentro no tenían noticias
del exterior) muy brevemente y omití el hecho de ser ex policía. Me limité a
contar que había matado a muchas personas, incluyendo a gente poderosa.
Me contestaron que no les importaba lo
que había hecho afuera y que ahí había que “empezar de cero”. Había que ganarse
el respeto con sangre y que el que no estuviese dispuesto debía servir a los
demás. Ni siquiera les contesté, que me tiró una piña. Defendí y ataqué al
mismo tiempo, como aprendí en mi curso de policía, hasta dejarlo en el piso.
No les alcanzó como muestra y se
acercaron otros 2, sumando 6 en total. Me vinieron todos encima, pero pude
pasar entre ellos recibiendo algunos golpes.
No había lugar para correr y muchos otros empezaron a rodearme para que
no huyera.
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