Mientras estaba descartando a mi jefe,
me di cuenta que mi compañero era el que más se interesaba por lo que hacía en
este caso. Nunca me había dado tanta importancia en los casos, ya que prefería
llevarse el crédito. Pero en este caso simplemente observaba más lo que yo
hacía, de lo que intervenía.
En un primer momento pensé que antes
me hacía pagar derecho de piso y que ahora me estaba empezando a respetar.
Luego me di cuenta que si no hacía nada en este caso era porque algo raro
estaba pasando. No era una cuestión de que yo lo estuviera haciendo mejor (era
imposible que otro investigara mejor justo este caso), ya que de ser así se
esforzaría todavía más.
Empecé a seguirlo y pude confirmar un
encuentro que tuvo con ellos. No dije nada para no alarmarlos, prefería
atacarlos por sorpresa.
Después de dejar pasar un par de meses
volví a focalizarme en el tema. Presenté un nuevo operativo que consistía en
aparecerles por sorpresa en un lugar en el que se encuentren y atraparlos en
plena acción. Para ello necesitaba un permiso de allanamiento para que no se
considere violación al domicilio.
Uno de los policías se haría pasar por
un futuro deudor de ellos. A todos les pareció una buena idea, excepto al
informante que se limitó a poner caras.
Le dije que vayamos juntos, ya que él
debía ser el supuesto comprador. Aceptó. Mientras viajábamos en el auto empecé
a preguntarle sobre su vida y se sintió un poco incómodo. En un momento di un
volantazo y frené en un pasaje no muy transitado donde nos encontraríamos con
los narcos.
Nos encontramos con los otros y
entramos a un departamento en el que hacían las transacciones. La puerta de
entrada se habría en forma automática, nos dijeron el piso y subimos. En el ascensor, saqué un arma y le dije: “por
complicarme mi venganza”, mientras le pegaba un tiro silenciado.
Ni bien me abrieron la puerta, empecé
a disparar sin poder discernir a las víctimas. Sé que le disparé a las únicas
dos personas que llegué a ver, pero ambas estaban con las caras tapadas. Entre
todo esto me dispararon en el pecho, por lo que retrocedí. A los pocos metros
caí al suelo y saqué mi teléfono.
Avisé a la central que había sido
baleado y que necesitaba una ambulancia. Me encantaría saber a quiénes maté, ya
que difícilmente tendría otra chance.