Me sentía un idiota, había hecho todo
esto para hacer justicia por mi familia
y terminé siendo un esclavo más de quienes esperaba vengarme. Las ironías en mi
vida ya eran una cosa corriente.
Por ahí todavía no entendieron que
quise decir. Me hice adicto a las drogas. No, mentira, a las drogas no, solo a
la mina. ¡Cómo odié esa cosa!, y a la vez cuánto la amé.
Cada vez que intentaba dejarla, me
volvía totalmente loco. No podía pensar en otra cosa, ni siquiera en la
venganza. Me estaba consumiendo totalmente.
Lo peor es que la estaba pasando
pésimo cuando no la consumía, pero tenía cierta fuerza de voluntad para
aguantarlo. El problema es que no me dejaba trabajar en forma correcta, por lo
que me terminaba auto convenciendo de que debía consumir por el bien de la
misión.
Ese es el gran problema de las
adicciones psicológicas, que para mí son aún peores que las adicciones físicas.
Yo podía soportar el sufrimiento, pero el cerebro actúa de manera que vos te
creas que lo mejor es hacerlo. Te excusás a vos mismo y no te lo discutís
mucho. Simplemente cualquier argumento que te digan o te imagines a favor, te
convence enseguida de consumir.
Yo siempre creí que la gente era
estúpida por caer en estas cosas. No podía entender cómo una persona no se daba
cuenta que se estaba volviendo adicta, o que le estaba haciendo mal al cuerpo.
Al principio yo me ponía límites para
consumirla, para manejarlo y evitar la adicción. Creía que podía ganarle a la
droga, que era más inteligente que ella.
Desafortunadamente si no es la peor,
pega en el palo. No solo es una de las que producen más muertes por sobredosis,
sino que es de las más adictivas también. Produce tanto adicción física como
psicológica.
De todos modos, y esto sonará algo
contradictorio, no me arrepiento de haber consumido drogas. De lo que si me
arrepiento es de haber jugado tanto con los límites.
Toda mi vida me gustó llevar las
situaciones al extremo y manejarlas ahí, a ver si puedo zafar. Me produce mucha
adrenalina y le da sentido a mi vida.
A su vez nunca me gustó estar feliz
siempre. Si no tengo momentos de tristeza y enojo, no me siento humano. Provoco
que pasen cosas malas a propósito. Esto genera conflictos con la gente que me
rodea, pero por suerte ya no tengo ningún ser querido.
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