De a poco la situación económica empezó a perjudicar a mi viejo. Muchos de sus clientes y proveedores quebraban, y sus mercaderías no podían competir con la de los grandes mayoristas. De hecho muchas jugueterías, las grandes porque las pequeñas también se fundían, empezaron a comprar directamente de fábrica.
Ante esto mi viejo podía invertir cada vez menos y le costaba más pagarles a los prestamistas. No encontraba la solución, buscar un trabajo digno era tan difícil como emprender algo. Los trabajos se estaban precarizando y tercerizando, y las pequeñas empresas estaban desapareciendo.
Llegó un momento en el que a mi padre no le alcanzaba para pagarles a los prestamistas, que no tenían compasión por lo que estaba sucediendo, e intentó pedirles más tiempo. Ellos se negaron y le dijeron que si no podía pagar con dinero en efectivo que venda sus bienes personales.
Al principio mi padre vendió algunas cosas de la casa, pero al poco tiempo ya no tenía qué más vender además de la casa. Los prestamistas le dijeron que venda la casa pero mi padre les rogó que le pidieran cualquier cosa menos eso.
Finalmente accedieron, pero le exigieron que trabaje para ellos 8 hs, además de las 8 hs que le dedicaba a la empresa. Por esta razón mi padre vivió la peor época de su vida. Vivía cansado, estresado y desilusionado de la vida.
Los primeros trabajos los hizo sin el menor problema ya que eran tareas simples como llevar dinero o paquetes. El problema surgió cuando se empezó a hacer preguntas y fue testigo de cosas raras.
De esta manera se dio cuenta de que sus actuales jefes formaban parte de una mafia de narcos. Lo que él estaba haciendo era meterse en este mundo arriesgándose a ir preso y arruinándoles la vida a ciertas personas.
Por este motivo habló con sus jefes y les dijo que no quería hacer más cosas ilegales y hasta intentó amenazarlos con ir a la policía si no lo dejaban en paz. Ellos accedieron… o eso le hicieron creer.
Al día siguiente irrumpieron en mi casa, mi madre me dijo que me esconda en un armario y que llame a la policía. Me puse muy nervioso y me paralicé. Llamé a la policía pero no pude hablar con ellos porque no me salía la voz.
Fui testigo de cómo mataban a toda mi familia frente a mis ojos. No les importó los ruegos de mi padre, los llantos de mi madre y la cara de sufrimiento de mi hermano.