miércoles, 30 de mayo de 2012

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Les parecerá extraño, pero todo esto que les conté desde que empecé a enfocar mi acción hacia otros objetivos, duró solo 1 año. En 1 año convencí cree mi partido político, organicé mi guerrilla, hubo un golpe de estado, se formó otra guerrilla e intervinieron potencias extranjeras. Tiempo histórico récord por donde se lo mire. El fanatismo, idealismo e intereses nos llevaron a la destrucción.
La rendición fue inevitable y dejó un saldo terrible de muertes. 15 mil guerrilleros, 2 millones de civiles opositores al gobierno, 4000 militares nacionales, 3000 militares extranjeros, 200 mil de civiles a favor del gobierno y 22 mil civiles neutrales.
Para el final del conflicto los porcentajes a favor y en contra de la permanencia de las FFAA, nacionales y extranjeras, en el poder variaron drásticamente por los resultados. Sólo un 5% apoyaba al gobierno, mientras que un 85% estaba en contra (quedando un 10% imparcial). Ante esta situación de repudio generalizado, el gobierno, previo castigo a cadena perpetua a todos los guerrilleros; llama a elecciones. Las potencias extranjeras, como prometieron, se quedarían durante 1 año (aunque solo mil soldados).
La historia se repetía una vez más, primero se apoya a los golpes de estado y luego se los repudia. Nadie se hace cargo de que estuvo a favor, convirtiéndose todos en rebeldes de un día para el otro (cuando los que lucharon nunca tuvieron su apoyo).
Todo esto generó que me empezara a agarrar odio hacia la sociedad. Todos le echan la culpa a otro de los problemas, nadie se hace cargo de su responsabilidad. Como si no fuéramos todos los que decidimos las cosas. Es verdad que hay personas “más iguales” que otras, pero todos tenemos cierta responsabilidad que nadie parece asumir.
Mientras escribía estaba exaltado, me emociona contar historias de guerra, hasta debo decir que me divierte. Pero la realidad es que en la guerra nadie gana. Los únicos que creen ganar son los poderosos, que se enriquecen a costa del sufrimiento de otros. De todos modos ellos también se perjudican, ya que nadie puede ser feliz en un contexto de guerra donde siempre muere alguien que queremos. Y aunque no pase esto último, con solo presenciarlo uno reduce su calidad de vida. Vivir en un ambiente hostil es totalmente perjudicial para nuestra salud (física y mental).
Debo aclarar que todo esto último no lo pensé en el momento que terminó el conflicto. Ya leerán en el próximo libro lo que pasó. Espero que no me odien.

martes, 29 de mayo de 2012

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Automáticamente perdieron el apoyo popular, pero ya no lo necesitaban. Su excusa era que estaban en guerra y que no poseían los elementos para poder acabar con el terrorismo ilegal. Ahora solo tenían el apoyo de un 70% de la clase alta, un 30% de la clase media y un 10% de la clase baja; es decir 25/30%.
La guerrilla aumentó aún más su número y su apoyo. El ejército popular llegó hasta una cifra de 25000 soldados y un 10% de la población se puso a su disposición en cierta forma.
Por su parte, el enemigo duplicó sus combatientes gracias al apoyo extranjero. Llegaron a formar un solo ejército de 200000 personas (y con un apoyo popular del 25/30% como antes mencionamos). Ahora no solo eran más, sino que armamentísticamente eran muy superiores. No era lo mismo luchar contra nuestras FFAA súper atrasadas y desabastecidas, que contra toda la maquinaría militar de última tecnología de las grandes potencias.
La única condición para que todo esto cesara era que todos los guerrilleros se rindieran y entregaran. Prometieron que no serían asesinados, pero si juzgados ante la ley marcial. Por su parte, las potencias rectificaron que mientras más tiempo se tardase en solucionar el problema más tiempo estarían en el país. Si tardaban 1 año en vencer a la guerrilla, se quedarían durante otro año más para asegurarse de que no resurja (y así proporcionalmente).
Yo no sabía qué hacer en ese momento. Yo era el que había detonado todo esto y no lo podía controlar de ninguna forma. Lo peor es que no sabía de qué lado ubicarme, era parte del 55/60%, sólo creía que lo mejor era que se rindieran para evitar muertes en vano. La guerra no la iban a ganar, por más de que muchos estuvieran hipnotizados por el lema “la nación vencerá la invasión, no más traidores abusadores”.
Las potencias, sin ningún respeto por los derechos humanos, empezaron a bombardear zonas de clase baja (donde se ubicaban la mayoría de los guerrilleros y donde la mayoría estaba en contra de la invasión). Podrían haber hecho lo mismo con las zonas de clase media, pero les convenía más atacar a los débiles.
Nadie podía creer que esto estuviese pasando en nuestro país. Todas esas imágenes solo nos sonaban familiares gracias a la televisión, pero nunca habíamos experimentado el horror en carne propia. Muertes y destrucción por todas partes. Al final, los habían apoyado para traer paz y solo lograron más guerra.

lunes, 28 de mayo de 2012

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Por su parte la clase media permaneció casi inmutable. Sus condiciones laborales se vieron un poco perjudicadas, pero no lo suficiente como para que se opusieran al gobierno. Pensaban que todo estaría en “orden” y veían que el PBI crecía mucho. Si un gobierno tiene el apoyo de la clase media, permanece en el poder.
Por último la clase alta aumentó mucho su brecha con respecto a las otras dos. Concentraron mucho más poder y riqueza, los militares eran prácticamente sus títeres. Este sector representaba un 10% de la población, mientras que un 60% era de clase media y un 30% de clase baja. El 90% de la clase alta, el 70% de la clase media y el 40% de la clase baja (más que nada porque muchos pensaban que al menos tenían trabajo y que el Estado los protegía de los terroristas) apoyaban al modelo, es decir entre un 60 y un 65% de la población.
Al ver el sistema que estaban instalando con gran apoyo, pude darme cuenta de que sería difícil retomar la democracia. Solo una minoría (aunque importante) veía la realidad y muchos menos eran lo que se animaban a luchar contra ellos. Sobre esto último voy a escribir ahora.
Mi antigua guerrilla, al ver que estaba siendo destruida (solo quedaban vivos 1500 de los 2500, y solo 500 seguían luchando), se une a otra guerrilla que estaba surgiendo. Comenzaron siendo solo 1500 (con los otros 500 incluidos), pero en muy poco tiempo crecieron exponencialmente hasta formar un verdadero ejército de 15000 miembros. Además tenían el apoyo de un 5% de la población, que si bien no intervenía directamente, si les aportaba lo que necesitaran (información, dinero, refugio, etc.).
Esto se convirtió realmente en un problema para el Estado, ya que no era lo mismo luchar contra 2500 con nulo apoyo popular, que contra un ejército 6 veces mayor y con apoyo, de todo tipo, de 2 millones de personas. De todos modos, las FFAA seguían siendo 7 veces mayores y con un apoyo popular del 60/65%.
Podían vencerlos igual, pero tuvieron una mejor idea. Como estos grupos además de matar militares, mataban a su cómplices de clase alta (muchos de ellos extranjeros), la guerrilla les dio la “excusa” para que pidieran el apoyo a países extranjeros. Y obviamente estos accedieron. No solo porque estaba en peligro la vida de personas poderosas de sus propios países, sino porque era una excusa para que nuestro país se endeudara.
Por cadena nacional, el gobierno, informó de esto a la población. 

domingo, 27 de mayo de 2012

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Tenía esperanzas de que una vez desarticulada mi antigua guerrilla, los militares dejarían el poder. Sin embargo, leyendo sobre las dictaduras anteriores y viendo lo que estaban haciendo, las fui perdiendo.
No solo estaban luchando contra la guerrilla, sino que estaban aprovechando su poder para matar a toda persona que pudiera traerles problemas. Con esto me refiero a sindicalistas, militantes políticos opositores, etc.
Y eso no era lo peor (como si no fuese algo terrible ya de por sí) sino que además estaban gobernando, con todo lo que esto implica. Estaban sancionando y derogando leyes. Tenían poder absoluto sobre el país para hacer lo que quisieran con él.
Obviamente las primeras leyes que derogaron, fueron las indirectamente obras de la guerrilla. Pero no se limitaron a solo esto, que cierto apoyo popular tuvo gracias a la presión mediática que antes mencioné, sino que avanzaron sobre toda ley que pudiera beneficiar a las clases bajas. 
Esto les ocasionó cierta impopularidad entre ellas, pero con esto no alcanzaba. Tenían idiotizada a la clase media (que apoyaba al gobierno por miedo al “terrorismo guerrillero”, que claramente no se comparaba con los crímenes que estaba cometiendo el Estado de facto) y representaban los intereses de las clases altas (quienes se vieron enriquecidos como nunca antes en ese  período).
El sistema consistía en nula participación política y libertad de expresión (salvo la indirecta e implícita que ejercían los más ricos) y un modelo económico en el que no intervenía el Estado más que para asegurar que los trabajadores no se quejaran. Este modelo lo justificaban con que la economía debía funcionar libremente para ser eficiente y no dar pérdidas. En teoría en el largo plazo sería lo mejor.
Las 3 clases lo vivieron de maneras diferentes. La clase baja se empobreció cada vez más. Familias enteras trabajaban 14 hs diarias para cubrir solo la canasta alimentaria, ya que a muchos no les alcanzaba ni para poder alquilar un lugar para vivir. Lo gracioso es que el gobierno lo publicitaba como un logro: todos tenían empleo y no era necesario que hicieran tareas improductivas como con la antigua ley (esto fue posible gracias a que por la desaparición de la justicia laboral, muchas empresas extranjeras empezaron a invertir en el país). Si se organizaban reclamos, eran brutalmente reprimidos y obligados a volver al trabajo. Quienes no acataban la orden eran asesinados. Todo adulto estaba obligado a trabajar.

sábado, 26 de mayo de 2012

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Les pedí a los superiores que la desarticularan, para no ser atrapados, pero había diferentes posiciones. Algunos me apoyaban; a otros se les había subido el poder a la cabeza y no querían resignarlo; mientras que los terceros creían que no solo sería imposible convencer a las tropas, sino que las FFAA nos atraparían más fácil si estábamos separados.
Esta última era muy coherente, pero a mí no me interesaba. Sabía que podían complicarse las cosas, por lo que debía volver a cambiar mi identidad. El problema era qué hacer con mi mujer. Si desaparecía de su vida o si la llevaba conmigo la exponía, ya que tarde o temprano saltaría mi nombre y la primera a quien buscarían para ubicarme sería a ella.
Las fuerzas de seguridad fueron intervenidas, desde el golpe debíamos cooperar para atrapar a la guerrilla. De hecho es casi lo único que nos obligaban a hacer.
Nuestro departamento en particular era muy importante para ellos, porque los guerrilleros tenían su base en el narcotráfico. Yo como jefe me hice aliado de ellos (aunque como político no fui de los que pidió el golpe).
Me encomendaron la misión de ubicar a los capos y ellos se encargarían. Esto último no me convenía ya que hablarían, pero si podía ubicarlos y buscar una excusa para matarlos todo estaría solucionado.
Y esto fue lo que hice, con el pretexto de solo monitorear su ubicación fuimos a buscarlos a un lugar donde yo los había citado (sin que ellos supieran lo que les esperaba). En el camino, sin que mis compañeros lo percibieran, les advertí que un grupo iría a atraparlos y les recomendé que abrieran fuego porque lo solucionarían fácil.
Esto fue lo que hicieron, pero como éramos muchos más y bien armados, los matamos fácil en un tiroteo. No les permitiría rendirse, pero tampoco lo intentaron (sabían que solo serían torturados y luego asesinados).
Sin su testimonio nunca podrían llegar a mi nombre. Todo estaba solucionado. Ahora habíamos conseguido papeles donde aparecían nombres de muchos otros. No tardarían mucho en desarticular a la guerrilla y yo esperaba que se rindieran fácilmente.
Mi mujer no tenía idea de nada, no tenía noción de todo lo que pudo haber pasado. Una vez más había manejado bien la situación, pero la dictadura seguía y yo no estaba conforme.

viernes, 25 de mayo de 2012

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También hubo intentos de otras leyes, pero fallaron. Una de ellas era instruir militarmente a toda la población mensualmente y reducir el número de fuerzas de seguridad. El objetivo es gastar menos en salarios, que el uso de la violencia no se concentre en pocas manos y que todos sepan defenderse.
Nuevamente dieron vuelta nuestro discurso. Sostenían que eso generaría mucha más violencia e inseguridad. Que los delincuentes tendrían más conocimientos para sus acciones. Obviamente no hablaban de que las personas también sabrían defenderse mejor.
Si bien se podría haber convencido por la fuerza a los políticos, las fuerzas de seguridad nunca lo habrían permitido. De hecho este fue el desencadenante para que dieran un golpe de estado.
Al ver la debilidad del gobierno democrático para solucionar el “problema”, decidieron derrocarlo. Dieron un comunicado por cadena nacional prometiendo restaurar el orden. Dijeron que se militarizaría la sociedad para encontrar a todos los guerrilleros y matarlos; y que se derogarían todas las leyes “antidemocráticas” (como si su accionar lo fuese) que fueron forzadas por nosotros.
Yo no podía creer lo que estaba pasando, nunca me podría haber imaginado que esto podría volver a darse en el país. Las FFAA estuvieron muy deslegitimadas durante 20 años, y ahora de un día para el otro los medios habían convencido a la gente de que era lo mejor.
Este no había sido mi objetivo, nunca había estado entre mis planes. Yo ni siquiera esperaba llegar al poder con estas acciones, contrario a lo que todos pensaban. Solo quería acabar con la corrupción política y que se tomaran medidas para solucionar los problemas sociales. Luego, solo era cuestión de desarticular la guerrilla.
Al ver todo lo que estaba pasando, era tonto intentar luchar contra las FFAA. Solo podían ser vencidas por el pueblo, pero el pueblo las apoyaba. Si bien nuestra guerrilla tenía bastante poder de logística y armamento (éramos superiores en lo primero y emparejados en lo segundo), sus tropas eran 40 veces mayores.
No me importaba tanto que se enfrentaran y exterminaran a mi guerrilla, ya que justamente cuando quisiera desarticularlas pensaba en hacerlo con el uso de la fuerza estatal. Era la única manera de acabar con esta organización criminal.
El problema es que si investigaban bien, podrían llegar a las cúpulas más altas de mando, y de esa manera conseguir mi nombre. 

jueves, 24 de mayo de 2012

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Hay hospitales y escuelas públicas, pero no hay becas para todos los que las necesitan. Además muchos padres prefieren mandar a sus hijos a pedir dinero o robar, antes de que vayan a estudiar y buscar un futuro mejor.
Ante esta situación la ley obliga a brindar todo lo necesario para estudiar, en forma gratuita, en la misma escuela; y que todo lo que se necesite para la salud esté cubierto por el Estado.
Y la ley no se limitaba a eso, sino que persisten obligaciones para los padres. Quienes no manden a sus hijos a la escuela y tengan al día todas las vacunas, se les quitará la tenencia del hijo en cuestión (pero persistirán las obligaciones de pagarles todo lo que necesiten). Como todos tienen trabajo gracias a la otra ley, no hay excusas.
Esta medida fue más difícil de criticar por los opositores, pero usaron un recurso conocido. No solo dijeron que el Estado no podía solventar estos gastos porque estaba en un mal momento, sino que amenazaron con que los impuestos serían impagables y que todo funcionaría mal por ser estatal.
Proponían que había que crear, en forma equilibrada y sin forzar la economía, puestos de trabajo a medida que fuéramos desarrollándonos como país. Que para ello debíamos atraer inversión extranjera, no estatal. Había que evitar endeudarse a toda costa, eso repetían todo el tiempo para lavarle la cabeza a la gente.
En esto no lograron tanta aceptación, aunque al menos la mitad de las personas apoyaron estos argumentos (sus críticas a la ley anterior tenían una aceptación del 75%). La manera que tuvieron de arruinar esto fue dar cosas de mala calidad o mandarlos a lugares solo para ellos con pésima calidad.
La tercera ley consistía en modernizar el sistema de justicia. No había que castigar a los presos, sino que solo había que hacerlos trabajar para el Estado en prisiones. Con esto se buscaba dejar de mantenerlos y que retribuyan a la sociedad por sus errores.
Esto en si les gustó, ya que siguieron tratando pésimo a los presos, pero ahora los podían tener como esclavos. Obviamente esto no lo decían en los medios, ya que también lo criticaron.
El argumento era que no tienen por qué pasarla bien en prisión, ya que las víctimas necesitaban que sufran en prisión. Aunque suene horrible, lo peor es que la gente apoyó mucho esto (casi en un 90%). A esto le agregaban que sería más difícil vigilarlos y nuevamente el argumento para criticar la primera ley.
Todo lo que hacíamos era por la sociedad y esta no lo entendía.

miércoles, 23 de mayo de 2012

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La seguridad en todas partes empezó a reforzarse mucho, lo que dificultó nuestro accionar. Los medios de comunicación hacían presión mediática para provocar miedo en la gente. Se pedía abiertamente que los militares tomaran el control de la situación y arrestara a todos los terroristas.
Cada vez más personas se veían influenciadas por este pensamiento. Ya nadie entendía que los objetivos de la guerrilla eran los mismos que los del pueblo (va, mi intención y la de muchos idealistas, ya que como recordarán nuestro brazo armado eran bandas narco).
A nadie le parecía importar lo que ya habíamos logrado en tan poco tiempo. A continuación detallaré las leyes sancionadas en este último tiempo, gracias a nuestro accionar.
La primera ley sancionada fue la de garantizar trabajo a toda persona que lo exija. El Estado estaba obligado a buscarle un trabajo en el sector público o privado, y con una remuneración justa que le permita tener una vida digna.
Los opositores alegaban que esto era una pérdida de dinero para el Estado, ya que si esas personas no eran empleadas es porque no tenían nada que ofrecer o porque no se las necesita. A esto le sumaban que los precios suben, dejando a los salarios reales con menor poder adquisitivo.
Los antiguos desempleados fueron justamente quienes más nos apoyaron, ya que fueron muy favorecidos. Pero el resto de la gente, idiotizados por lo que la prensa les decía, se alarmaban por las consecuencias que avecinaban (y que forzaban para que se cumplan y así derogar las leyes).
Ejercimos presión para que las cosas se hicieran bien, porque yo esperaba que todo esto pasara; pero como cada vez nos era más imposible actuar, no logramos los resultados deseados (aunque al menos terminamos con la indigencia).
Los nuevos empleados fueron muy mal tratados, con exigentes, inútiles y humillantes jornadas laborales, por un salario muy ajustado. Se buscaba que renunciaran, pero no entendían que esa gente conoció lo que es ver a sus hijos con hambre y que por nada en el mundo renunciarían.
Otra ley fue la de educación y salud gratis para todos. Si bien siempre se uso como bandera que esto era así, no es del todo cierto. No todo está cubierto: materiales necesarios para estudiar y los remedios.

martes, 22 de mayo de 2012

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Decidimos no provocar más muertes por el momento. Ellos pretendían negociar con nosotros, eso nos había quedado claro, pero no querían que el pueblo se enterase.
Tuvimos entrevistas con la mitad de todos los partidos políticos. Ellos también tenían a su banda de delincuentes y ya tenían ubicados a varios de nuestros miembros (aunque no tenían ni idea de que yo estuviese atrás de todo). Algunos se avivaron que quizás hasta les convenía negociar.
Matamos a un miembro relevante de cada partido que no respondió a nuestras citas. De hecho hubo uno que nos quiso emboscar y terminaron (luego de un tiroteo) encerrados unos 5 guerrilleros. Teníamos un código (influenciado por las bandas que ya nombré en esta novela) de no traición ni abandono. No pudieron sacarnos información.
Pronto pintamos en varios lugares importantes, la exigencia de la liberación si no querían más muertes. No lo hicimos directamente para mostrar la fidelidad de nuestros hombres, al ser interrogados.
Como no los liberaron establecimos una política de un policía por día asesinado más que el día anterior, hasta la liberación. Y así fue durante una semana que matamos a 28 policías. Para lograrlo nos capturaron a 55 miembros y mataron a otros 15, pero eso no nos importaba.
Éramos alrededor de 2500 miembros, y no pretendía que creciera más que eso por el momento.
Internacionalmente también causó conmoción y del país del que importé a parte de la guerrilla narco, nuestro gobierno recibió apoyo logístico.
Mientras tanto teníamos encuentros con ciertos objetivos y habíamos conseguido que 30 de ellos se unan (sin que otros lo sepan); matamos a 40 que se negaron y teníamos al resto bajo cierta influencia aunque no tan clara.
El Estado y todo el país estaban demasiado conmocionados. Muchos pedían que los militares tomaran el control de la situación. Y esto empezó a dejarme de gustar. Yo creía que luego de las dictaduras anteriores, nunca nadie desearía volver a tener una. Pero la gente parece tener poca memoria y se deja lavar el cerebro.
De hecho el Estado empezó a matar gente inocente, haciendo creer que la culpa era nuestra. Obviamente todos le creían. Todo se me estaba yendo de las manos y después de mucho tiempo, volví a tener miedo por lo que pudiera pasar.

lunes, 21 de mayo de 2012

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La metodología no era que yo les fijaba un objetivo y ellos iban a matarlo. La idea era conseguir políticos trabajando para nosotros, por lo que primero los inducíamos a que se unieran. Si se negaba se lo amenazaba para que hagan lo que les impusiéramos. Si se negaba era asesinado, dejando un mensaje de que había sido la guerrilla.
Olvidé mencionar el nombre que le puse: Ejercito Justiciero Nacional. Por el contrario, a mí partido político lo llamé: Partido Conservador Patriótico. Sonaban totalmente opuestos, pero proponían lo mismo (sin que la gente se diera cuenta). Los lemas de ambos eran la inclusión social y la justicia.  Pero mientras que los guerrilleros proponían lograr esto mediante el asesinato de los traidores, mi partido proponía lograrlo mediante la llegada al poder de forma democrática.
En realidad el modo a mí me daba lo mismo, lo importante era llegar al poder; aunque sabía que era casi imposible lograrlo, por lo que me centré en ejercer influencia sobre los políticos instalados (mediante la oposición democrática y la guerrilla).
 Nuestros objetivos eran encargarnos de lo importante: los tres poderes oficiales y los implícitos: los medios de comunicación, los grandes empresarios y las fuerzas de seguridad. Del poder ejecutivo nos interesaba el presidente de la nación, y los gobernadores de cada una de las 25 regiones. Del poder legislativo, los 300 legisladores nacionales. Por último, del poder judicial, los 9 ministros de la corte suprema de justicia.
Los primeros objetivos fueron 1 asesinato por “Poder”, sin oportunidad de negociar (elegí a los que me parecieron más incompetentes, pero no por eso menos corruptos). Fueron asesinados todos el mismo día, a la misma hora, y dejamos en todos el mismo mensaje: “Volvió la guerrilla, atiendan nuestras demandas o lo pagarán con la vida. ¡Viva la patria!”.
Los medios no informaron mucho sobre esto, seguro por órdenes de superiores. Por este motivo 18 días después matamos, al mismo tiempo; al jefe de la multinacional más importante del país, al de mayor rango jerárquico en el ejército y al presidente del medio más importante en el país. Dejamos el mismo mensaje que la otra vez, pero agregando que queríamos difusión o la sangre seguiría siendo derramada.
La policía no logró, ni intentó, atrapar a los culpables. Por el contrario se “atraparon” a los supuestos culpables. Los medios esta vez sí pasaron todo lo sucedido y lo mediatizaron como una victoria.

domingo, 20 de mayo de 2012

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De hecho tuve que dedicarme a leer bastante antes de idear un plan de acción. Finalmente me inspiré en revolucionarios, guerrilleros, terroristas y en mi propio trabajo anterior.
Tenía que realizar varias cosas en forma paralela. Una era conseguir fondos para montar un partido político. De esta manera conseguiría aún mayor impunidad y haría pública mis ideas. Para conseguir financiación recurriría, paradójicamente, a ciertos grupos narcos a los que les daría inmunidad a cambio. Era un precio alto a pagar, pero valía la pena.
Olvidé mencionar un detalle, por la muerte del otro yo ocupé su lugar. Era el encargado del departamento nacional de lucha contra el narcotráfico. Me había convertido en el detective de mayor jerarquía dentro de esta especialización.
Al mismo tiempo organizaría una guerrilla terrorista. Ésta estaría formada por narcos terroristas revolucionarios extranjeros (con los que empecé a tener contacto, gracias a mis conocidos). Éstos no solo nos proveerían de miembros, sino también de entrenamiento, logística y armamento.
A su vez buscaría reclutar por dinero e ideales a personas marginales y anti-sistema. Para ello hice una campaña por diferentes pueblos de clase baja. Obvio que mi nombre no aparecía por ningún lado, daban la cara supuestos políticos que en realidad solo obedecían órdenes de bandas narco.
Más de la mitad de las bandas narco del país se unieron a esto y a su vez ingresaron muchas internacionales que traían cosas necesarias. Los criminales íbamos a controlar el país, de hecho en la práctica ya lo dominan (pero son criminales legales). En realidad ellos creían que iban a dominarlo, pero yo me ocupé de que creciera solo lo suficiente para que cumplieran con lo que necesitaba.
Las “víctimas” serían fuerzas de seguridad, políticos y grandes empresarios. Valía la pena sacrificar algunas víctimas “inocentes” (si aceptaban hacer esto por dinero muy inocentes no eran y si lo hacían por ideales me parecía genial. La política era no reclutar por la fuerza, para que no nos delataran en caso de ser atrapados. Se buscaba fidelidad y de paso me aseguraba que no hubiera inocentes que fueran forzados a hacer esto).
Yo como presidente del partido político repudiaba todos los actos de la guerrilla y muchos de los guerrilleros (solo unos pocos, los más importantes, sabían que yo era el verdadero líder) se preguntaban por qué yo no era víctima de sus ataques.

sábado, 19 de mayo de 2012

" F(x) = 2x " página 19


Mientras pensaba en todo esto y todavía no sabía qué iba a hacer, sucedió algo que marcó el punto de partida hacia una nueva etapa en mi vida.
Chundo decidió por primera vez enfrentarse a un superior. Una decisión le parecía demasiado injusta y no pudo quedarse callado. Resulta que el superior de más jerarquía estaba administrando mal el presupuesto (por no decir que se estaba quedando con la mitad de este) y por este motivo no había dinero para cosas muy básicas (mantenimiento de las instalaciones, sueldos, operativos, etc).
Organizó una protesta a la que la mayoría nos adherimos. Fuimos prontamente acallados y ante la primera advertencia la mayoría desistió. Yo no quería hacerlo, pero Chundo me convenció.
A las semanas fue asesinado en un operativo de manera algo dudosa. Todos sabíamos lo que había pasado, pero nadie quería decir nada. Yo tampoco, yo quería hacer algo sorpresivo. Mi inspiración me había sido arrebatada, no podía no vengarme. Esto revivió lo que sentí el día que mataron a mi familia, ya que la había tomado mucho cariño.
Después de mucho pensar mentalicé, más o menos, la manera con la que actuaría de ahí en más. Lo primero sería matar al jefe superior, que me había defraudado porque no lo creía capaz de algo así. Debía hacerlo de manera que nadie sospechara de mí. Luego intentaría cumplir el sueño de Chundo de lograr un mundo mejor, desde la nueva perspectiva enseñada.
Lo que hice fue dejar pasar dos meses desde su muerte y recurrir a viejos contactos del narcotráfico (que no había apresado por si los necesitaba para cosas así) para que simularan un robo y lo mataran.
Eso hicieron, pero algo salió mal. Si bien lo mataron, fueron descubiertos (cometieron un par de desprolijidades en su trabajo) y apresados. Me enteré que fueron torturados para que declaren, pero por suerte no les pudieron sacar una palabra.
Convencí a los de la comisaría donde estaban encerrados, a que los maten con la excusa de que quisieron escapar, para vengar el honor de nuestro jefe asesinado.
Sé que suena feo, pero si se enteraran de las actividades que cometían… la única razón por la que no los había matado antes era para usarlos en beneficio de la sociedad.
Terminé matando a dos pájaros de un tiro, ahora seguía lo difícil y tenía que ver cómo lo iba a planear. Debo admitir que me costó mucho más pensar esto.

viernes, 18 de mayo de 2012

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Algunos se resignaban, pero se quejaban, a tener que dedicar todo el día a trabajar para otro; para que éste goce de las bondades del sistema, mientras ellos apenas pueden sobrevivir y consumir para mantener al sistema que los está explotando.
Aunque creemos que somos libres, no nos queda otra que trabajar para otro si no somos dueños de los medios de producción (capital, materias primas, maquinaria y tierra).
De la misma manera creemos que somos dueños de nuestras vidas porque elegimos a quienes gobiernan por nosotros. Nos sentimos representados por alguien a quien vemos como un igual, que piensa igual y que quiere lo mejor para nosotros. La realidad nos muestra (o nos oculta) que solo representan a sus propios intereses, los de sus empresas amigas. El dinero mueve al mundo y no hay lugar que se salve de esto.
Ver todos los días a las personas infelices, sin darse cuenta, por no poder vivir una vida plena me dio la pauta de que debía enfocarme de otra manera. Realmente lo que venía haciendo no tenía ninguna relevancia real.
Si yo luchaba contra ciertas sustancias y hábitos (que está perfecto, alguien debe hacerlo) no solucionaba el problema de fondo. Como bien dijo el viejito, Chundo, “esas sustancias y hábitos que nombrás, son producto de necesidades insatisfechas por un sistema que no piensa en todos. El que recurre a estas cosas lo hace porque quiere olvidar sus problemas y/o porque la sociedad lo impulsa a ello.”.
Cada palabra era más cierta que la anterior y me puse a pensar en qué podía hacer desde mi humilde lugar para lograr cambios. Lo más lógico que se me ocurrió fue recurrir el sistema que estaba usando pero con nuevos objetivos. Quizás esto sí servía como ejemplo a otras personas y participaba en la transformación de la sociedad.
Si bien Chundo tenía buenas intenciones, no había ideado un plan para lograrlo. Estaba un poco resignado a la llegada de otro que lo hiciera por él. Por su parte solo iba a actuar dentro de su competencia, pero sin desobedecer a sus superiores. Criticaba todo lo que lo rodeaba, menos a las fuerzas de seguridad como institución. Creía que si bien no siempre se tomaban buenas decisiones y había corrupción; la institución debía existir tal cual existe hoy en día, con las características ya definidas. En ese sentido era muy tradicionalista. Quizás por todo lo que vivió en ellas.

jueves, 17 de mayo de 2012

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Las leyes se hacen a su conveniencia, y cuando van en contra de sus intereses es para evitar un mal mayor, que la gente descrea del gobierno y del sistema. Que busque reemplazarlo por uno mejor.
Es increíble que todo esto viniera de un policía, que por lo general suelen ser personas cerradas, de derecha, conservadoras, fieles al orden y al gobierno y en contra de todo tipo de protestas.
Explica que si bien siempre tuvo tendencia a ser así, contrariamente a lo que le pasa a la mayoría de las personas, a medida que fue creciendo se volvió más crítico. Empezó a ampliar su punto de vista sobre los más variados temas.
Por último, los medios eran lo que más odiaba. Había decidido no mirar la TV ni escuchar la radio, ni leer los diarios. Sostenía que servían al sistema para lavarle el cerebro a la gente y que piensen lo que ellos quieran.
Primero me pareció una locura conspirativa, imposible de realizarse. Pero al poco tiempo, cuando empecé a hacerme la idea de que fuese posible, me di cuenta de que no era algo tan improbable. Con solo mirar lo que pasaban en los medios cada día, te dabas cuenta que lo que las personas defendía y decían en su vida cotidiana, eran reproducciones de los “argumentos” impuestos.
No tardé en preguntarle por qué servía al sistema, haciendo cumplir por la fuerza leyes que le parecían ilegítimas, y así mantener el orden. Me respondió de manera concisa que “antes de que otro lo hiciera y sin pensar, prefería poder intervenir en cada caso en el que su criterio pueda ser tomado en cuenta.”
Me convenció, de hecho todo lo que decía me convencía. Era el profeta perfecto para una nueva religión (broma). Lo que sí sostenía siempre es que esperaba la llegada de alguna persona que lograra cautivar a la gente para lograr un cambio profundo en la sociedad, con un modelo realmente inclusivo para todos, con justicia  y libertad.
Creía, contrario a lo que yo pensaba, que con que cada uno diera el ejemplo desde su lugar no alcanzaba, ya que la mayoría de las personas nunca lo iba a intentar. Se necesitan revolucionarios para cambiar las cosas. Aunque parece que evolucionamos, en el fondo cada vez estamos peor. Nos hacen creer que cada vez tenemos más derechos, pero solo cambia la forma de esclavitud (antes al menos ser era más consciente de esto, ahora somos esclavos toda nuestra vida sin darnos cuenta).
Y él no era el único que opinaba. Todos los días escuchaba gente quejándose de las injusticias del sistema. 

miércoles, 16 de mayo de 2012

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Alguno quizás me tendrá como un héroe en este momento, pero la realidad es que me di cuenta que todo lo que estaba haciendo no servía para nada.
Miento, si sirvió, pero no para lo que yo estaba buscando. Lo que estuve haciendo ese año anterior, me sirvió para ir profundizando en la búsqueda por conocer y solucionar los problemas de nuestra sociedad. Por si no entendieron a qué me refiero, ahora les explico cómo llegué a esta conclusión.
Contento por los resultados que iba obteniendo, intentaba hacerlos públicos (sin decir que era yo quien los provocaba) para que todos se enteraran y lo tomaran como ejemplo en sus vidas.
Sin embargo, algunas personas negativas (realistas las llamo ahora) me decían que todo eso no servía para nada. Cada uno de los resultados que había logrado, para algunos, no eran realmente importantes. No solucionaban ningún problema de fondo.
Recuerdo cuando logré que se pusieran en marcha mi proyecto para frenar la violencia deportiva. Un viejo del trabajo me dijo: “el fanatismo en los deportes sirven para mantener a las masas pensando en cosas sin importancia. A su vez crea un sentido de pertenencia inútil que solo sirve para que descarguen su violencia contra personas que no les generan ningún mal. Les mantienen la cabeza ocupada en otras cosas, para poder dominarlos más fácilmente.”
Realmente un genio el viejo (no lo era, pero era el apodo que le pusimos), de hecho se convirtió en mi ídolo. Nunca había tenido un ídolo o modelo a seguir, pero él logro cautivarme.
Tenía 55 años y era veterano de guerra. Al año siguiente de pelear se metió al curso para detective de la policía, luego de que su esposa sea asesinada en un accidente por un drogadicto. Entrenó entre los 12 y los 32 años, Camabi, un sistema de combate militar con un importante hincapié en inculcar valores humanos.
Y tenía razón. Todo lo que decía lo sabía justificar muy bien, era realmente muy sabio. No se limitó a opinar sobre el tema anterior, sino que hizo lo mismo con cada una de las otras tres.
Sobre las empresas opinaba que solo piensan en el lucro, no en las personas. Y que las más conocidas son las más poderosas, con sucursales en muchos países.
Toda empresa poderosa tiene intereses de los que ocuparse. El Estado representa estos intereses y no los nuestros, como debería ser. 

martes, 15 de mayo de 2012

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A lo largo de la semana no podía pensar en otra cosa. Para colmo se ve que ella tampoco, porque me llamaba todos los días. A veces le atendía y le hablaba cortante, poniéndole excusas. Otras veces ni esa suerte tenía.
Me di cuenta que se tomó enserio lo que le pasaba, porque vino hasta mi lugar de trabajo a hablarme. Me preguntó qué me pasaba y le dije que estaba muy atareado, intentando esquivarla.
Me dijo que necesitaba hablar conmigo de algo y que era urgente. Le dije que tenía mucho trabajo y desvié la mirada hacia unos papeles. Golpeó la mesa, por lo que todos se alertaron. Le pedí que se calme y me dijo que solo lo hacía si a la salida me podía pasar a buscar. No me quedó otra y accedí.
Efectivamente me estuvo esperando unas horas afuera y nos pusimos a hablar. Yo intenté hacerla corta, pero lo primero que me dijo es que le pasaban cosas conmigo. Le dije que a mí no, pero no me creyó.
Había aprendido a discutir, cuando le convenía, y me dijo que una persona no enamorada no actuaba como yo. Me dijo que era muy obvio que a mí me pasaba lo mismo. Le dije que era mentira y que de todos modos no podía tener pareja por mi trabajo.
Me dijo que eso no era problema para ella, que entendía lo que iban a tener que atravesar pero que podíamos hacerlo juntos. Le dije que lo mejor era que buscara otro, pero me dijo que me quería a mí.
Tanta negatividad hizo que se ponga a llorar, quise calmarla pero me dio la espalda. Empezó a fumar un cigarrillo atrás de otro. Creo que contabilicé siete.
Ver cómo se destruía me estaba desesperando, por lo que le propuse algo. Íbamos a intentar formar una pareja, pero ella me tenía que prometer que dejaría de fumar para siempre y que me dejaría cuidar de su cuerpo. Accedió con una sonrisa y me besó.
Parecía una película porque empezó a llover y nos besamos durante media hora bajo la lluvia. Yo no había dado un beso desde muchos años atrás.
Olvidé contar un detalle, esta chica era mi ex, la que todos conocen: Pen. Ella no podía saberlo, por lo que debí guardar el secreto muy a mi pesar.
Si bien quise decírselo muchas veces, sabía que lo mejor era no hacerlo. A veces se me escapaba alguna cosa, pero lograba arreglarla improvisando. Si hay que algo siempre supe hacer, es chamuyar.

lunes, 14 de mayo de 2012

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Era ella. Quería invitarme a cenar a su casa y yo accedí con gusto.
Me preparé como no lo hacía desde adolescente, recordemos que ya tenía 25 años. Por si alguno no siguió el orden cronológico de los libros se los aclaro: el primero fue escrito en el 2006 y 2007 y relata lo sucedido entre los años 1978 y 1996 (desde mi nacimiento hasta mis 18 años de edad). El segundo libro lo escribí en el 2008 y 2009 y relata el período 1996-2003 de mi vida (entre mis 18 y 25 años). Este tercer libro lo estoy escribiendo en el 2010 con 32 años (supongo que como los otros me llevará 2 años) y comprende los años 2003 y 2004, es decir entre mis 25 y 27 años de edad.
Volviendo a la historia, por primera vez en mi vida estuve como una mujer decidiendo qué me iba a poner, peinándome, bañándome, perfumándome, pensando qué decir, etc.
Finalmente fui y ella me recibió con una sonrisa. Estaba muy linda y se lo dije. Se sonrojó y en un momento me dijo que me sentía como a un amigo de toda la vida. No supe qué contestarle a eso.
Me invitó a sentarme, su casa estaba muy prolija (muy diferente a la mía), me dijo que había cocinado y que esperaba que me guste. Le dije en broma que seguro estaba horrible, a lo que respondió con una mirada cómplice de enojo mentiroso.
Había cocinado milanesas de pollo con tomate, papas y huevo. Realmente muy rico, extrañaba una comida así. Repetí el plato, mientras que ella comió solo la mitad del suyo.
Después de la comida venía el postre, hizo una torta de dulce de leche y chocolate. Me admitió que había hecho un curso de cocina y pastelería. Le dije en broma que quería casarme con ella, a lo que solo sonrió, como si tuviera ciertas intenciones conmigo.
En ese momento me di cuenta que aunque todo era muy lindo, yo no podía salir con nadie. Mi trabajo era peligroso y no quería comprometer a nadie más. Además no tendría tiempo para ser un buen compañero.
Le dije que me tenía que ir, que me había olvidado de algo importante. Ella se alteró y me preguntó qué era eso que tenía que hacer. Le dije que era largo y que en otro momento hablábamos.
Me abrió la puerta y me dijo que antes quería agradecerme por lo que hice por ella. Intentó besarme pero le corrí la boca, le dije que con la comida había sido suficiente y que se me hacía tarde. Le di un beso en la mejilla y salí corriendo.
Actué como un estúpido pero es lo que tenía que hacer.

domingo, 13 de mayo de 2012

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La sorprendí con mi compromiso y me creyó. Se puso contenta y me agradeció con un abrazo. Hacía mucho tiempo que yo no recibía uno, es algo muy lindo que uno debe aprovechar.
Después de unos segundos abrazados, se ve que se sintió incómoda y me soltó. Aunque su marido había sido un delincuente en vida y ahora estaba muerta, ella era una persona muy fiel. Todavía no lo había superado ni asumido.
Me puse a investigar el caso con mucha dedicación, lo que sorprendió a varios de mis compañeros, a los que a veces les hablé de mala manera porque no hacían lo que yo quería o porque no conseguían los resultados esperados.
Resulta que lo que había pasado es que su marido, de nombre Ban Riupto, trabajaba para una banda narco. En los últimos meses de su vida estuvo pasándole información a una banda rival. En un momento su banda lo descubrió porque los rivales lo “entregaron”. Finalmente lo mataron, todos terminan mal en este mundo.
Le comenté esto a la mujer y me preguntó si ya los habíamos atrapado, y le dije que estábamos en eso porque habían suspendido sus operaciones momentáneamente. Se ve que eran muy inteligentes y luego de cada asesinato, intentaban que se calme todo antes de retomar.
Ella estaba impaciente y yo la entendía, pero nada podíamos hacer momentáneamente. La invité a tomar un café para que se tranquilizara, pero se negó y me dijo que me ponga a trabajar.
Y eso hice, descubrí que ambas bandas estaban pensando en juntarse y por eso lo mataron a Ban. Ya tenía la ubicación de cada uno, solo había que atacarlos por sorpresa.
Finalmente los atrapamos y los mandamos a juicio. Yo quería matarlos, pero actué de manera legal. Su esposa estaba muy contenta, aunque a la vez confundida porque a quienes estábamos encerrando en realidad no eran peor cosa que su marido.
Su cara iba variando muy seguido, como si no supiera cómo seguir. Me agradeció con un beso en la mejilla y se fue caminando lentamente.
Yo me preocupé por ella pero decidí no intervenir. Lo mejor era que la dejara un tiempo sola para pensar. A veces dedicar un tiempo para planear es lo mejor, o al menos a mí siempre me sirvió.
A las dos semanas yo estaba con la cabeza en otros casos que me estaban demandando mucho tiempo, cuando de repente recibí un llamado.

sábado, 12 de mayo de 2012

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Esto los alteró aún más, pero no alcanzó. Salió en todos los medios que había un criminal haciendo todo esto (a diferencia de los otros casos), pero no hablaron de mis demandas. Por este motivo empecé a difundir todo esto por correo electrónico, haciéndose muy popular el reclamo.
Incluso llegó a armarse una manifestación a favor de mis reclamos, sin que yo la organizara. Tuvo repercusión, aunque fueron reprimidos y no muy mediatizados por la prensa. La empresa no dejó de funcionar, pero si lo dejó de hacer en el país.
El primero de los casos sirvió como ejemplo a un país vecino y el segundo a una marca de comida más, a una marca de ropa y a una empresa que organiza desfiles; que se unieron a la campaña publicitaria. Los otros dos casos no ejercieron mucha influencia sobre otras marcas, pero si sobre la sociedad.
Y cuando todo parecía que estaba saliendo bien me llegó un caso de mi trabajo original, agente de narcóticos.
Resulta que una chica recurrió a nosotros porque unos delincuentes mataron a su esposo. Se sospechaba que fue mediante un ajuste de cuentas, ya que su marido vendía droga para una banda de narcotraficantes.
Ella desconocía el oficio de su marido, quién siempre le decía que trabajaba para una empresa sin darle muchos detalles. Al enterarse, empezó a gritarnos negando la realidad. Estaba tan enamorada que no quería enfrentar la realidad.
Enseguida prendió un cigarrillo para tranquilizarse, yo no lo podía creer. Le recomendé que no fumara, que aunque creía que la tranquilizaba en realidad le producía más ansiedad, sumado a todos los otros problemas que trae aparejado su consumo. No quiso ni escucharme, y me respondió de mala manera que ya era grande para decidir cómo arruinarse la vida.
Me comprometí con este caso aún más que con los otros (recuerden que había decidido darles realmente importancia, preocupándome por resolver los casos y al mismo tiempo dar apoyo emocional a las víctimas, para que no sufran lo que yo sufrí).
El sufrimiento de ella lo sentía diferente, me importaba más, era como si lo estuviera sintiendo yo mismo. No podía soportar verla llorar, de hecho nunca pude soportar ver a una mujer llorar.
Le prometí que iba a atrapar a los culpables y que iban a pagar por lo que hicieron. Que si ella no estaba conforme con lo que se hacía, yo tampoco lo estaría y lucharía porque fuese mejor.

viernes, 11 de mayo de 2012

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Hecho esto me perfilé hacia un nuevo objetivo. Mi misión ahora era contra una empresa muy importante que fabricaba bebidas alcohólicas y cigarrillos de tabaco. Era la segunda con más ventas en el primer mercado y la tercera con más ventas en el segundo. Además tenían relaciones cordiales con el gobierno.
Las consecuencias son las que nombré y se las que les informé a ellos (aunque obviamente ya las conocían). Lo que les propuse fue que hagan publicidades advirtiendo a todos de sus peligros y que no vendan bebidas a boliches. Esto para evitar que se vendan en uno de los lugares donde suelen darse más hechos violentos y donde más se excede en el consumo.
No hicieron caso a mi propuesta, aunque esto lo esperaba, y muchísimo menos a mis amenazas. De hecho iniciaron una investigación para averiguar de quién provenía. Como era policía sabía cómo manejarme para no tener problemas.
Al ver que no entendían tuve que destruirle el auto al máximo accionista, mandándole una nota a su casa. Le advertí que la próxima iba a tener que matar a sus familiares.
Especuló con la posibilidad de que la policía me encontrara, pero al ver que no funcionó y que al segundo accionista le prendí fuego la casa (con nadie adentro), decidieron hacerme caso.
Solo me queda hablar del caso más emblemático. Mi objetivo ahora era frenar los problemas que trae aparejado las nuevas tecnologías.
Con el auge de los reproductores de música, los videojuegos, los programas de televisión y sobre todo de la informática; los beneficios para la sociedad no tardaron en notarse, pero las consecuencias tampoco.
Desde problemas a los sentidos (audición y visión), adicción e introversión, hasta manipulación del pensamiento de la sociedad. Lo peor es que la gente puede llegar a tomar conciencia de lo primero, pero de lo segundo son muy pocos.
Acá dirigí mi ataque hacia una multinacional que producía todo lo antes nombrado y lo hice directamente, ya que era esperable la reacción que tendría. Los amenacé de muerte si no hacían caso a mis demandas: publicidades y advertencias en los productos, en las que advirtieran de todos los problemas antes nombrados (inclusive que se manipula el pensamiento con los medios). Como no hicieron nada e iniciaron la búsqueda judicial, le disparé a uno en la pierna y a otro lo golpee cuando estaban solos (sin que me vieran).

jueves, 10 de mayo de 2012

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Un caso debería servir como ejemplo para los demás. Así que con el que funcionara debía dejar una advertencia a la sociedad, para cambiar algo. En total actué 4 veces y tuve que aplicar diferentes grados de advertencias.
El primer caso tenía como temática la consecuencia negativa de ciertos deportes. Para frenarlo mis advertencias se centraron en la secretaría de deportes del país, que es la encargada de regular todos los deportes profesionales.
Lo que hice fue contactarme con la persona de mayor rango y acordar una cita. Por suerte, al contrario de la mayoría de los funcionarios públicos, era una persona muy comprometida con su trabajo. Amaba el deporte y quería hacer lo mejor por éste y la sociedad.
Yo había preparado un proyecto que consistía en: todo evento deportivo tenía que tener cámaras para identificar a todos los espectadores. La idea era no volver a dejar entrar a un evento deportivo, a todo aquel que se torne violento.
Además, antes de empezar cada uno de los encuentros, se debían decir unas palabras contra la violencia deportiva y los objetivos verdaderos del deporte.
En el caso de los deportes que involucren medios de transporte de cualquier índole o que sean peligrosos, se debía advertir antes de cada encuentro sobre sus peligros, para evitar improvisaciones callejeras sin los cuidados correspondientes.
La secretaria pareció encantada con la propuesta, y de hecho en poco tiempo se implementó… ojalá los otros 3 casos hubieran sido así.
El segundo caso fue contra una cadena de comida rápida. Les pedí que incluyeran menús más saludables y que éstos estuvieran a precios más bajos que los menos saludables. Todo esto en una carta, que me fue respondida con burlas.
Ya tenía investigado su dirección y teléfono, por lo que empecé a dejarle mensajes con amenazas de muerte para el dueño y su familia. Lo hice durante 1 semana, poniéndole una fecha en la que le prometí matar a su hijo.
No se arriesgó y el día anterior aparecieron ciertas ofertas con menús más saludables. Además con esto no terminaba mi trabajo, le mandé otra carta en la que debía dedicar propagandas sobre trastornos alimenticios, desde obesidad hasta anorexia. No lo vio mal ya que le convenía por los nuevos menús ofrecidos.
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