Les parecerá extraño, pero todo esto
que les conté desde que empecé a enfocar mi acción hacia otros objetivos, duró
solo 1 año. En 1 año convencí cree mi partido político, organicé mi guerrilla,
hubo un golpe de estado, se formó otra guerrilla e intervinieron potencias
extranjeras. Tiempo histórico récord por donde se lo mire. El fanatismo,
idealismo e intereses nos llevaron a la destrucción.
La rendición fue inevitable y dejó un
saldo terrible de muertes. 15 mil guerrilleros, 2 millones de civiles
opositores al gobierno, 4000 militares nacionales, 3000 militares extranjeros,
200 mil de civiles a favor del gobierno y 22 mil civiles neutrales.
Para el final del conflicto los
porcentajes a favor y en contra de la permanencia de las FFAA, nacionales y
extranjeras, en el poder variaron drásticamente por los resultados. Sólo un 5%
apoyaba al gobierno, mientras que un 85% estaba en contra (quedando un 10%
imparcial). Ante esta situación de repudio generalizado, el gobierno, previo
castigo a cadena perpetua a todos los guerrilleros; llama a elecciones. Las
potencias extranjeras, como prometieron, se quedarían durante 1 año (aunque
solo mil soldados).
La historia se repetía una vez más,
primero se apoya a los golpes de estado y luego se los repudia. Nadie se hace
cargo de que estuvo a favor, convirtiéndose todos en rebeldes de un día para el
otro (cuando los que lucharon nunca tuvieron su apoyo).
Todo esto generó que me empezara a
agarrar odio hacia la sociedad. Todos le echan la culpa a otro de los
problemas, nadie se hace cargo de su responsabilidad. Como si no fuéramos todos
los que decidimos las cosas. Es verdad que hay personas “más iguales” que
otras, pero todos tenemos cierta responsabilidad que nadie parece asumir.
Mientras escribía estaba exaltado, me
emociona contar historias de guerra, hasta debo decir que me divierte. Pero la
realidad es que en la guerra nadie gana. Los únicos que creen ganar son los
poderosos, que se enriquecen a costa del sufrimiento de otros. De todos modos
ellos también se perjudican, ya que nadie puede ser feliz en un contexto de
guerra donde siempre muere alguien que queremos. Y aunque no pase esto último,
con solo presenciarlo uno reduce su calidad de vida. Vivir en un ambiente
hostil es totalmente perjudicial para nuestra salud (física y mental).
Debo aclarar que todo esto último no
lo pensé en el momento que terminó el conflicto. Ya leerán en el próximo libro lo
que pasó. Espero que no me odien.