La metodología no era que yo les
fijaba un objetivo y ellos iban a matarlo. La idea era conseguir políticos
trabajando para nosotros, por lo que primero los inducíamos a que se unieran.
Si se negaba se lo amenazaba para que hagan lo que les impusiéramos. Si se
negaba era asesinado, dejando un mensaje de que había sido la guerrilla.
Olvidé mencionar el nombre que le
puse: Ejercito Justiciero Nacional. Por el contrario, a mí partido político lo
llamé: Partido Conservador Patriótico. Sonaban totalmente opuestos, pero
proponían lo mismo (sin que la gente se diera cuenta). Los lemas de ambos eran
la inclusión social y la justicia. Pero
mientras que los guerrilleros proponían lograr esto mediante el asesinato de
los traidores, mi partido proponía lograrlo mediante la llegada al poder de
forma democrática.
En realidad el modo a mí me daba lo
mismo, lo importante era llegar al poder; aunque sabía que era casi imposible
lograrlo, por lo que me centré en ejercer influencia sobre los políticos
instalados (mediante la oposición democrática y la guerrilla).
Nuestros objetivos eran encargarnos de lo
importante: los tres poderes oficiales y los implícitos: los medios de
comunicación, los grandes empresarios y las fuerzas de seguridad. Del poder
ejecutivo nos interesaba el presidente de la nación, y los gobernadores de cada
una de las 25 regiones. Del poder legislativo, los 300 legisladores nacionales.
Por último, del poder judicial, los 9 ministros de la corte suprema de
justicia.
Los primeros objetivos fueron 1
asesinato por “Poder”, sin oportunidad de negociar (elegí a los que me
parecieron más incompetentes, pero no por eso menos corruptos). Fueron
asesinados todos el mismo día, a la misma hora, y dejamos en todos el mismo
mensaje: “Volvió la guerrilla, atiendan nuestras demandas o lo pagarán con la
vida. ¡Viva la patria!”.
Los medios no informaron mucho sobre
esto, seguro por órdenes de superiores. Por este motivo 18 días después
matamos, al mismo tiempo; al jefe de la multinacional más importante del país,
al de mayor rango jerárquico en el ejército y al presidente del medio más
importante en el país. Dejamos el mismo mensaje que la otra vez, pero agregando
que queríamos difusión o la sangre seguiría siendo derramada.
La policía no logró, ni intentó,
atrapar a los culpables. Por el contrario se “atraparon” a los supuestos
culpables. Los medios esta vez sí pasaron todo lo sucedido y lo mediatizaron
como una victoria.
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