sábado, 12 de mayo de 2012

" F(x) = 2x " página 12


Esto los alteró aún más, pero no alcanzó. Salió en todos los medios que había un criminal haciendo todo esto (a diferencia de los otros casos), pero no hablaron de mis demandas. Por este motivo empecé a difundir todo esto por correo electrónico, haciéndose muy popular el reclamo.
Incluso llegó a armarse una manifestación a favor de mis reclamos, sin que yo la organizara. Tuvo repercusión, aunque fueron reprimidos y no muy mediatizados por la prensa. La empresa no dejó de funcionar, pero si lo dejó de hacer en el país.
El primero de los casos sirvió como ejemplo a un país vecino y el segundo a una marca de comida más, a una marca de ropa y a una empresa que organiza desfiles; que se unieron a la campaña publicitaria. Los otros dos casos no ejercieron mucha influencia sobre otras marcas, pero si sobre la sociedad.
Y cuando todo parecía que estaba saliendo bien me llegó un caso de mi trabajo original, agente de narcóticos.
Resulta que una chica recurrió a nosotros porque unos delincuentes mataron a su esposo. Se sospechaba que fue mediante un ajuste de cuentas, ya que su marido vendía droga para una banda de narcotraficantes.
Ella desconocía el oficio de su marido, quién siempre le decía que trabajaba para una empresa sin darle muchos detalles. Al enterarse, empezó a gritarnos negando la realidad. Estaba tan enamorada que no quería enfrentar la realidad.
Enseguida prendió un cigarrillo para tranquilizarse, yo no lo podía creer. Le recomendé que no fumara, que aunque creía que la tranquilizaba en realidad le producía más ansiedad, sumado a todos los otros problemas que trae aparejado su consumo. No quiso ni escucharme, y me respondió de mala manera que ya era grande para decidir cómo arruinarse la vida.
Me comprometí con este caso aún más que con los otros (recuerden que había decidido darles realmente importancia, preocupándome por resolver los casos y al mismo tiempo dar apoyo emocional a las víctimas, para que no sufran lo que yo sufrí).
El sufrimiento de ella lo sentía diferente, me importaba más, era como si lo estuviera sintiendo yo mismo. No podía soportar verla llorar, de hecho nunca pude soportar ver a una mujer llorar.
Le prometí que iba a atrapar a los culpables y que iban a pagar por lo que hicieron. Que si ella no estaba conforme con lo que se hacía, yo tampoco lo estaría y lucharía porque fuese mejor.

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