sábado, 26 de mayo de 2012

" F(x) = 2x " página 26


Les pedí a los superiores que la desarticularan, para no ser atrapados, pero había diferentes posiciones. Algunos me apoyaban; a otros se les había subido el poder a la cabeza y no querían resignarlo; mientras que los terceros creían que no solo sería imposible convencer a las tropas, sino que las FFAA nos atraparían más fácil si estábamos separados.
Esta última era muy coherente, pero a mí no me interesaba. Sabía que podían complicarse las cosas, por lo que debía volver a cambiar mi identidad. El problema era qué hacer con mi mujer. Si desaparecía de su vida o si la llevaba conmigo la exponía, ya que tarde o temprano saltaría mi nombre y la primera a quien buscarían para ubicarme sería a ella.
Las fuerzas de seguridad fueron intervenidas, desde el golpe debíamos cooperar para atrapar a la guerrilla. De hecho es casi lo único que nos obligaban a hacer.
Nuestro departamento en particular era muy importante para ellos, porque los guerrilleros tenían su base en el narcotráfico. Yo como jefe me hice aliado de ellos (aunque como político no fui de los que pidió el golpe).
Me encomendaron la misión de ubicar a los capos y ellos se encargarían. Esto último no me convenía ya que hablarían, pero si podía ubicarlos y buscar una excusa para matarlos todo estaría solucionado.
Y esto fue lo que hice, con el pretexto de solo monitorear su ubicación fuimos a buscarlos a un lugar donde yo los había citado (sin que ellos supieran lo que les esperaba). En el camino, sin que mis compañeros lo percibieran, les advertí que un grupo iría a atraparlos y les recomendé que abrieran fuego porque lo solucionarían fácil.
Esto fue lo que hicieron, pero como éramos muchos más y bien armados, los matamos fácil en un tiroteo. No les permitiría rendirse, pero tampoco lo intentaron (sabían que solo serían torturados y luego asesinados).
Sin su testimonio nunca podrían llegar a mi nombre. Todo estaba solucionado. Ahora habíamos conseguido papeles donde aparecían nombres de muchos otros. No tardarían mucho en desarticular a la guerrilla y yo esperaba que se rindieran fácilmente.
Mi mujer no tenía idea de nada, no tenía noción de todo lo que pudo haber pasado. Una vez más había manejado bien la situación, pero la dictadura seguía y yo no estaba conforme.

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