Les pedí a los superiores que la
desarticularan, para no ser atrapados, pero había diferentes posiciones.
Algunos me apoyaban; a otros se les había subido el poder a la cabeza y no
querían resignarlo; mientras que los terceros creían que no solo sería
imposible convencer a las tropas, sino que las FFAA nos atraparían más fácil si
estábamos separados.
Esta última era muy coherente, pero a
mí no me interesaba. Sabía que podían complicarse las cosas, por lo que debía
volver a cambiar mi identidad. El problema era qué hacer con mi mujer. Si
desaparecía de su vida o si la llevaba conmigo la exponía, ya que tarde o
temprano saltaría mi nombre y la primera a quien buscarían para ubicarme sería
a ella.
Las fuerzas de seguridad fueron
intervenidas, desde el golpe debíamos cooperar para atrapar a la guerrilla. De
hecho es casi lo único que nos obligaban a hacer.
Nuestro departamento en particular era
muy importante para ellos, porque los guerrilleros tenían su base en el
narcotráfico. Yo como jefe me hice aliado de ellos (aunque como político no fui
de los que pidió el golpe).
Me encomendaron la misión de ubicar a
los capos y ellos se encargarían. Esto último no me convenía ya que hablarían,
pero si podía ubicarlos y buscar una excusa para matarlos todo estaría
solucionado.
Y esto fue lo que hice, con el
pretexto de solo monitorear su ubicación fuimos a buscarlos a un lugar donde yo
los había citado (sin que ellos supieran lo que les esperaba). En el camino,
sin que mis compañeros lo percibieran, les advertí que un grupo iría a
atraparlos y les recomendé que abrieran fuego porque lo solucionarían fácil.
Esto fue lo que hicieron, pero como
éramos muchos más y bien armados, los matamos fácil en un tiroteo. No les
permitiría rendirse, pero tampoco lo intentaron (sabían que solo serían
torturados y luego asesinados).
Sin su testimonio nunca podrían llegar
a mi nombre. Todo estaba solucionado. Ahora habíamos conseguido papeles donde
aparecían nombres de muchos otros. No tardarían mucho en desarticular a la
guerrilla y yo esperaba que se rindieran fácilmente.
Mi mujer no tenía idea de nada, no
tenía noción de todo lo que pudo haber pasado. Una vez más había manejado bien
la situación, pero la dictadura seguía y yo no estaba conforme.
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