Un caso
debería servir como ejemplo para los demás. Así que con el que funcionara debía
dejar una advertencia a la sociedad, para cambiar algo. En total actué 4 veces
y tuve que aplicar diferentes grados de advertencias.
El
primer caso tenía como temática la consecuencia negativa de ciertos deportes.
Para frenarlo mis advertencias se centraron en la secretaría de deportes del
país, que es la encargada de regular todos los deportes profesionales.
Lo que
hice fue contactarme con la persona de mayor rango y acordar una cita. Por
suerte, al contrario de la mayoría de los funcionarios públicos, era una
persona muy comprometida con su trabajo. Amaba el deporte y quería hacer lo
mejor por éste y la sociedad.
Yo había
preparado un proyecto que consistía en: todo evento deportivo tenía que tener
cámaras para identificar a todos los espectadores. La idea era no volver a
dejar entrar a un evento deportivo, a todo aquel que se torne violento.
Además,
antes de empezar cada uno de los encuentros, se debían decir unas palabras
contra la violencia deportiva y los objetivos verdaderos del deporte.
En el
caso de los deportes que involucren medios de transporte de cualquier índole o
que sean peligrosos, se debía advertir antes de cada encuentro sobre sus peligros,
para evitar improvisaciones callejeras sin los cuidados correspondientes.
La
secretaria pareció encantada con la propuesta, y de hecho en poco tiempo se
implementó… ojalá los otros 3 casos hubieran sido así.
El
segundo caso fue contra una cadena de comida rápida. Les pedí que incluyeran
menús más saludables y que éstos estuvieran a precios más bajos que los menos
saludables. Todo esto en una carta, que me fue respondida con burlas.
Ya tenía
investigado su dirección y teléfono, por lo que empecé a dejarle mensajes con
amenazas de muerte para el dueño y su familia. Lo hice durante 1 semana,
poniéndole una fecha en la que le prometí matar a su hijo.
No se
arriesgó y el día anterior aparecieron ciertas ofertas con menús más
saludables. Además con esto no terminaba mi trabajo, le mandé otra carta en la
que debía dedicar propagandas sobre trastornos alimenticios, desde obesidad
hasta anorexia. No lo vio mal ya que le convenía por los nuevos menús
ofrecidos.
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