De hecho tuve que dedicarme a leer
bastante antes de idear un plan de acción. Finalmente me inspiré en
revolucionarios, guerrilleros, terroristas y en mi propio trabajo anterior.
Tenía que realizar varias cosas en
forma paralela. Una era conseguir fondos para montar un partido político. De
esta manera conseguiría aún mayor impunidad y haría pública mis ideas. Para
conseguir financiación recurriría, paradójicamente, a ciertos grupos narcos a los
que les daría inmunidad a cambio. Era un precio alto a pagar, pero valía la
pena.
Olvidé mencionar un detalle, por la
muerte del otro yo ocupé su lugar. Era el encargado del departamento nacional
de lucha contra el narcotráfico. Me había convertido en el detective de mayor
jerarquía dentro de esta especialización.
Al mismo tiempo organizaría una
guerrilla terrorista. Ésta estaría formada por narcos terroristas
revolucionarios extranjeros (con los que empecé a tener contacto, gracias a mis
conocidos). Éstos no solo nos proveerían de miembros, sino también de
entrenamiento, logística y armamento.
A su vez buscaría reclutar por dinero
e ideales a personas marginales y anti-sistema. Para ello hice una campaña por
diferentes pueblos de clase baja. Obvio que mi nombre no aparecía por ningún
lado, daban la cara supuestos políticos que en realidad solo obedecían órdenes
de bandas narco.
Más de la mitad de las bandas narco
del país se unieron a esto y a su vez ingresaron muchas internacionales que
traían cosas necesarias. Los criminales íbamos a controlar el país, de hecho en
la práctica ya lo dominan (pero son criminales legales). En realidad ellos
creían que iban a dominarlo, pero yo me ocupé de que creciera solo lo
suficiente para que cumplieran con lo que necesitaba.
Las “víctimas” serían fuerzas de
seguridad, políticos y grandes empresarios. Valía la pena sacrificar algunas
víctimas “inocentes” (si aceptaban hacer esto por dinero muy inocentes no eran
y si lo hacían por ideales me parecía genial. La política era no reclutar por
la fuerza, para que no nos delataran en caso de ser atrapados. Se buscaba
fidelidad y de paso me aseguraba que no hubiera inocentes que fueran forzados a
hacer esto).
Yo como presidente del partido
político repudiaba todos los actos de la guerrilla y muchos de los guerrilleros
(solo unos pocos, los más importantes, sabían que yo era el verdadero líder) se
preguntaban por qué yo no era víctima de sus ataques.
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