Era
ella. Quería invitarme a cenar a su casa y yo accedí con gusto.
Me
preparé como no lo hacía desde adolescente, recordemos que ya tenía 25 años.
Por si alguno no siguió el orden cronológico de los libros se los aclaro: el
primero fue escrito en el 2006 y 2007 y relata lo sucedido entre los años 1978 y 1996 (desde
mi nacimiento hasta mis 18 años de edad). El segundo libro lo escribí en el
2008 y 2009 y relata el período 1996-2003
de mi vida (entre mis 18 y 25 años). Este tercer libro lo estoy escribiendo en
el 2010 con 32 años (supongo que como los otros me llevará 2 años) y comprende
los años 2003 y 2004, es decir entre mis 25 y 27 años de edad.
Volviendo a la historia, por primera
vez en mi vida estuve como una mujer decidiendo qué me iba a poner, peinándome,
bañándome, perfumándome, pensando qué decir, etc.
Finalmente fui y ella me recibió con
una sonrisa. Estaba muy linda y se lo dije. Se sonrojó y en un momento me dijo
que me sentía como a un amigo de toda la vida. No supe qué contestarle a eso.
Me invitó a sentarme, su casa estaba
muy prolija (muy diferente a la mía), me dijo que había cocinado y que esperaba
que me guste. Le dije en broma que seguro estaba horrible, a lo que respondió
con una mirada cómplice de enojo mentiroso.
Había cocinado milanesas de pollo con
tomate, papas y huevo. Realmente muy rico, extrañaba una comida así. Repetí el
plato, mientras que ella comió solo la mitad del suyo.
Después de la comida venía el postre,
hizo una torta de dulce de leche y chocolate. Me admitió que había hecho un curso
de cocina y pastelería. Le dije en broma que quería casarme con ella, a lo que
solo sonrió, como si tuviera ciertas intenciones conmigo.
En ese momento me di cuenta que aunque
todo era muy lindo, yo no podía salir con nadie. Mi trabajo era peligroso y no
quería comprometer a nadie más. Además no tendría tiempo para ser un buen
compañero.
Le dije que me tenía que ir, que me
había olvidado de algo importante. Ella se alteró y me preguntó qué era eso que
tenía que hacer. Le dije que era largo y que en otro momento hablábamos.
Me abrió la puerta y me dijo que antes
quería agradecerme por lo que hice por ella. Intentó besarme pero le corrí la
boca, le dije que con la comida había sido suficiente y que se me hacía tarde.
Le di un beso en la mejilla y salí corriendo.
Actué como un estúpido pero es lo que
tenía que hacer.
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