La
sorprendí con mi compromiso y me creyó. Se puso contenta y me agradeció con un
abrazo. Hacía mucho tiempo que yo no recibía uno, es algo muy lindo que uno
debe aprovechar.
Después
de unos segundos abrazados, se ve que se sintió incómoda y me soltó. Aunque su
marido había sido un delincuente en vida y ahora estaba muerta, ella era una
persona muy fiel. Todavía no lo había superado ni asumido.
Me puse
a investigar el caso con mucha dedicación, lo que sorprendió a varios de mis
compañeros, a los que a veces les hablé de mala manera porque no hacían lo que
yo quería o porque no conseguían los resultados esperados.
Resulta
que lo que había pasado es que su marido, de nombre Ban Riupto, trabajaba para
una banda narco. En los últimos meses de su vida estuvo pasándole información a
una banda rival. En un momento su banda lo descubrió porque los rivales lo
“entregaron”. Finalmente lo mataron, todos terminan mal en este mundo.
Le
comenté esto a la mujer y me preguntó si ya los habíamos atrapado, y le dije
que estábamos en eso porque habían suspendido sus operaciones momentáneamente.
Se ve que eran muy inteligentes y luego de cada asesinato, intentaban que se
calme todo antes de retomar.
Ella
estaba impaciente y yo la entendía, pero nada podíamos hacer momentáneamente.
La invité a tomar un café para que se tranquilizara, pero se negó y me dijo que
me ponga a trabajar.
Y eso
hice, descubrí que ambas bandas estaban pensando en juntarse y por eso lo
mataron a Ban. Ya tenía la ubicación de cada uno, solo había que atacarlos por
sorpresa.
Finalmente
los atrapamos y los mandamos a juicio. Yo quería matarlos, pero actué de manera
legal. Su esposa estaba muy contenta, aunque a la vez confundida porque a
quienes estábamos encerrando en realidad no eran peor cosa que su marido.
Su cara
iba variando muy seguido, como si no supiera cómo seguir. Me agradeció con un
beso en la mejilla y se fue caminando lentamente.
Yo me
preocupé por ella pero decidí no intervenir. Lo mejor era que la dejara un tiempo
sola para pensar. A veces dedicar un tiempo para planear es lo mejor, o al
menos a mí siempre me sirvió.
A las
dos semanas yo estaba con la cabeza en otros casos que me estaban demandando
mucho tiempo, cuando de repente recibí un llamado.
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