A lo largo de la semana no podía
pensar en otra cosa. Para colmo se ve que ella tampoco, porque me llamaba todos
los días. A veces le atendía y le hablaba cortante, poniéndole excusas. Otras veces
ni esa suerte tenía.
Me di cuenta que se tomó enserio lo
que le pasaba, porque vino hasta mi lugar de trabajo a hablarme. Me preguntó
qué me pasaba y le dije que estaba muy atareado, intentando esquivarla.
Me dijo que necesitaba hablar conmigo
de algo y que era urgente. Le dije que tenía mucho trabajo y desvié la mirada
hacia unos papeles. Golpeó la mesa, por lo que todos se alertaron. Le pedí que
se calme y me dijo que solo lo hacía si a la salida me podía pasar a buscar. No
me quedó otra y accedí.
Efectivamente me estuvo esperando unas
horas afuera y nos pusimos a hablar. Yo intenté hacerla corta, pero lo primero
que me dijo es que le pasaban cosas conmigo. Le dije que a mí no, pero no me
creyó.
Había aprendido a discutir, cuando le
convenía, y me dijo que una persona no enamorada no actuaba como yo. Me dijo
que era muy obvio que a mí me pasaba lo mismo. Le dije que era mentira y que de
todos modos no podía tener pareja por mi trabajo.
Me dijo que eso no era problema para
ella, que entendía lo que iban a tener que atravesar pero que podíamos hacerlo
juntos. Le dije que lo mejor era que buscara otro, pero me dijo que me quería a
mí.
Tanta negatividad hizo que se ponga a
llorar, quise calmarla pero me dio la espalda. Empezó a fumar un cigarrillo
atrás de otro. Creo que contabilicé siete.
Ver cómo se destruía me estaba
desesperando, por lo que le propuse algo. Íbamos a intentar formar una pareja,
pero ella me tenía que prometer que dejaría de fumar para siempre y que me
dejaría cuidar de su cuerpo. Accedió con una sonrisa y me besó.
Parecía una película porque empezó a
llover y nos besamos durante media hora bajo la lluvia. Yo no había dado un
beso desde muchos años atrás.
Olvidé contar un detalle, esta chica
era mi ex, la que todos conocen: Pen. Ella no podía saberlo, por lo que debí
guardar el secreto muy a mi pesar.
Si bien quise decírselo muchas veces,
sabía que lo mejor era no hacerlo. A veces se me escapaba alguna cosa, pero
lograba arreglarla improvisando. Si hay que algo siempre supe hacer, es
chamuyar.
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