Algunos se resignaban, pero se
quejaban, a tener que dedicar todo el día a trabajar para otro; para que éste
goce de las bondades del sistema, mientras ellos apenas pueden sobrevivir y
consumir para mantener al sistema que los está explotando.
Aunque creemos que somos libres, no
nos queda otra que trabajar para otro si no somos dueños de los medios de
producción (capital, materias primas, maquinaria y tierra).
De la misma manera creemos que somos
dueños de nuestras vidas porque elegimos a quienes gobiernan por nosotros. Nos
sentimos representados por alguien a quien vemos como un igual, que piensa
igual y que quiere lo mejor para nosotros. La realidad nos muestra (o nos
oculta) que solo representan a sus propios intereses, los de sus empresas
amigas. El dinero mueve al mundo y no hay lugar que se salve de esto.
Ver todos los días a las personas
infelices, sin darse cuenta, por no poder vivir una vida plena me dio la pauta
de que debía enfocarme de otra manera. Realmente lo que venía haciendo no tenía
ninguna relevancia real.
Si yo luchaba contra ciertas
sustancias y hábitos (que está perfecto, alguien debe hacerlo) no solucionaba
el problema de fondo. Como bien dijo el viejito, Chundo, “esas sustancias y
hábitos que nombrás, son producto de necesidades insatisfechas por un sistema
que no piensa en todos. El que recurre a estas cosas lo hace porque quiere
olvidar sus problemas y/o porque la sociedad lo impulsa a ello.”.
Cada palabra era más cierta que la
anterior y me puse a pensar en qué podía hacer desde mi humilde lugar para
lograr cambios. Lo más lógico que se me ocurrió fue recurrir el sistema que
estaba usando pero con nuevos objetivos. Quizás esto sí servía como ejemplo a
otras personas y participaba en la transformación de la sociedad.
Si bien Chundo tenía buenas
intenciones, no había ideado un plan para lograrlo. Estaba un poco resignado a
la llegada de otro que lo hiciera por él. Por su parte solo iba a actuar dentro
de su competencia, pero sin desobedecer a sus superiores. Criticaba todo lo que
lo rodeaba, menos a las fuerzas de seguridad como institución. Creía que si
bien no siempre se tomaban buenas decisiones y había corrupción; la institución
debía existir tal cual existe hoy en día, con las características ya definidas.
En ese sentido era muy tradicionalista. Quizás por todo lo que vivió en ellas.
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