También hubo intentos de otras leyes,
pero fallaron. Una de ellas era instruir militarmente a toda la población mensualmente
y reducir el número de fuerzas de seguridad. El objetivo es gastar menos en
salarios, que el uso de la violencia no se concentre en pocas manos y que todos
sepan defenderse.
Nuevamente dieron vuelta nuestro
discurso. Sostenían que eso generaría mucha más violencia e inseguridad. Que
los delincuentes tendrían más conocimientos para sus acciones. Obviamente no
hablaban de que las personas también sabrían defenderse mejor.
Si bien se podría haber convencido por
la fuerza a los políticos, las fuerzas de seguridad nunca lo habrían permitido.
De hecho este fue el desencadenante para que dieran un golpe de estado.
Al ver la debilidad del gobierno
democrático para solucionar el “problema”, decidieron derrocarlo. Dieron un
comunicado por cadena nacional prometiendo restaurar el orden. Dijeron que se
militarizaría la sociedad para encontrar a todos los guerrilleros y matarlos; y
que se derogarían todas las leyes “antidemocráticas” (como si su accionar lo
fuese) que fueron forzadas por nosotros.
Yo no podía creer lo que estaba
pasando, nunca me podría haber imaginado que esto podría volver a darse en el
país. Las FFAA estuvieron muy deslegitimadas durante 20 años, y ahora de un día
para el otro los medios habían convencido a la gente de que era lo mejor.
Este no había sido mi objetivo, nunca
había estado entre mis planes. Yo ni siquiera esperaba llegar al poder con
estas acciones, contrario a lo que todos pensaban. Solo quería acabar con la
corrupción política y que se tomaran medidas para solucionar los problemas
sociales. Luego, solo era cuestión de desarticular la guerrilla.
Al ver todo lo que estaba pasando, era
tonto intentar luchar contra las FFAA. Solo podían ser vencidas por el pueblo,
pero el pueblo las apoyaba. Si bien nuestra guerrilla tenía bastante poder de
logística y armamento (éramos superiores en lo primero y emparejados en lo
segundo), sus tropas eran 40 veces mayores.
No me importaba tanto que se
enfrentaran y exterminaran a mi guerrilla, ya que justamente cuando quisiera
desarticularlas pensaba en hacerlo con el uso de la fuerza estatal. Era la
única manera de acabar con esta organización criminal.
El problema es que si investigaban
bien, podrían llegar a las cúpulas más altas de mando, y de esa manera
conseguir mi nombre.
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