martes, 22 de mayo de 2012

" F(x) = 2x " página 22


Decidimos no provocar más muertes por el momento. Ellos pretendían negociar con nosotros, eso nos había quedado claro, pero no querían que el pueblo se enterase.
Tuvimos entrevistas con la mitad de todos los partidos políticos. Ellos también tenían a su banda de delincuentes y ya tenían ubicados a varios de nuestros miembros (aunque no tenían ni idea de que yo estuviese atrás de todo). Algunos se avivaron que quizás hasta les convenía negociar.
Matamos a un miembro relevante de cada partido que no respondió a nuestras citas. De hecho hubo uno que nos quiso emboscar y terminaron (luego de un tiroteo) encerrados unos 5 guerrilleros. Teníamos un código (influenciado por las bandas que ya nombré en esta novela) de no traición ni abandono. No pudieron sacarnos información.
Pronto pintamos en varios lugares importantes, la exigencia de la liberación si no querían más muertes. No lo hicimos directamente para mostrar la fidelidad de nuestros hombres, al ser interrogados.
Como no los liberaron establecimos una política de un policía por día asesinado más que el día anterior, hasta la liberación. Y así fue durante una semana que matamos a 28 policías. Para lograrlo nos capturaron a 55 miembros y mataron a otros 15, pero eso no nos importaba.
Éramos alrededor de 2500 miembros, y no pretendía que creciera más que eso por el momento.
Internacionalmente también causó conmoción y del país del que importé a parte de la guerrilla narco, nuestro gobierno recibió apoyo logístico.
Mientras tanto teníamos encuentros con ciertos objetivos y habíamos conseguido que 30 de ellos se unan (sin que otros lo sepan); matamos a 40 que se negaron y teníamos al resto bajo cierta influencia aunque no tan clara.
El Estado y todo el país estaban demasiado conmocionados. Muchos pedían que los militares tomaran el control de la situación. Y esto empezó a dejarme de gustar. Yo creía que luego de las dictaduras anteriores, nunca nadie desearía volver a tener una. Pero la gente parece tener poca memoria y se deja lavar el cerebro.
De hecho el Estado empezó a matar gente inocente, haciendo creer que la culpa era nuestra. Obviamente todos le creían. Todo se me estaba yendo de las manos y después de mucho tiempo, volví a tener miedo por lo que pudiera pasar.

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