Cumplidos los 8 años empecé a soñar despierto más seguido. Siempre me pregunté si existía vida en otros planetas, o si nosotros somos producto de la imaginación de otros seres.
Este año también mi madre me inició en su religión y me mandó a aprender sobre ella. Me hice realmente creyente y encontré en Dav un nuevo amigo y protector. Le hablaba todo el tiempo como si sólo estuviese pendiente de mí. Lo ponía a prueba todo el tiempo amenazándolo con dejar de creer en él si no hacía lo que yo creía justo. Paradójicamente siempre terminaba convencido de su existencia y aún de grande, cuándo intenté dejar de creer en él, siempre me quedó la duda.
Como algo negativo puedo nombrar que mi abuelo materno se enfermó de Kide, una enfermedad terminal y de la que todavía no se descubrió una cura. Cada día le rezaba a Dav para que lo curara y para pedirle cada cosa que necesitaba.
Por otro lado vivía imaginando otros planetas desconocidos con civilizaciones diferentes a la nuestra. En estos existían especies diferentes, de los que dibujaba y escribía sus características. Sumado a esto les inventaba una religión, un idioma, una forma a su planeta, sus festividades, sus países y muchas cosas más que no recuerdo. Sé que por cada uno escribía y dibujaba más de 5 carillas.
Desde ese momento me enamoré de este pasatiempo: inventar y planificar. Podía pasar todo el día pensando acerca de algo así, sin ningún sentido ni objetivo más que sentirme satisfecho. Más adelante haría lo mismo pero con otras cosas: trabajos, artes marciales, superhéroes, barrios, música, futbol, países, etc.
Me vino a la mente una anécdota graciosa del primario. Me habían echado injustamente del aula, por lo que decidí hacerla sentir mal a la profesora golpeándome la cara contra la pared, para que me sangrara la nariz y se me manchara de sangre todo el guardapolvo.
Se me hizo costumbre buscar las soluciones más fatalistas a todos los problemas. Esto también se vio reflejado en mi relación con mis padres. Cada vez que me sentía víctima de una injusticia me ponía a llorar y pensaba en matarme para que me extrañen. Esto último quedó registrado en un deseo que escribí en un libro que usé para el colegio a esta edad. Era un libro que nos enseñaba a ser mejores personas.
Debo admitir que pese a las quejas acerca de la educación actual, yo siento que tuve una muy buena tanto en el primario como en el secundario. De todos modos se me ocurren mejoras.
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