En 1984 por fin se cumplió uno de mis sueños, salir de esa cárcel para niños. Empecé el primario muy contento ya que me dijeron que en este no se dormía la siesta.
No entendía por qué todos lloraban para empezar y dejar a su mamá, yo sólo lo había hecho en el jardín porque lo odiaba, pero este sitio parecía interesante.
Desde el primer día percibí que había una diferencia de nivel con algunos de mis compañeros. Por ejemplo si había que escribir en una hoja una serie de letras, había pibes que escribían una letra gigante y mal hecha por hoja. Otro ejemplo era que aunque yo no sabía leer, los ejercicios para aprender me resultaban muy fáciles mientras que mis compañeros no entendían nada.
En este nuevo lugar comencé a llevarme mejor con mis compañeros. De entrada me volví muy sociable y, en lo que respecta a pelear, me hice respetar.
Durante todo el primario iría cambiando de mejores amigos. Desde este año empezó mi tendencia de buscar a sólo un mejor amigo, y aunque hablaba con otros, mi atención se centraba en ese sólo. Este primer año mi mejor amigo fue Max, un chico muy mentiroso (aunque yo más) y al que ocasionalmente golpeaba. Por esta razón él empezó boxeo y se convertiría en el más fuerte.
También recuerdo que a uno de los que escribía una letra por hoja, le pegaba siempre porque era muy especial. Terminó dejando el colegio y lo volvería a ver una vez durante el primario, en una plaza, y muchos años después durante el secundario. Se había convertido en un intento de intelectual, pero luego me di cuenta de que era un fracasado sin personalidad y le robé a la que le gustaba.
Así como buscaba un mejor amigo, también buscaba alguien que me guste. Durante los primeros tres años del primario me gustaría una chica llamada Luz. Era mi mejor amiga pero nunca me animé a decirle nada. Algo extraño es que la imaginaba desnuda y eso hacía que me deje de gustar por un momento.
Años más tarde me enteraría que yo era el lindo del curso en los primeros años, pero como nunca me lo dijeron y justo la que a mí me gustaba no le interesaba, no pasó nada con ninguna.
Mis compañeros me tenían como el más inteligente de la clase y un líder porque los sabía defender ante los retos de las maestras. Esto me hizo ser amado y odiado por ellas.
La maestra que más quise fue la suplente de mi maestra de primer grado. Nos trataba muy bien, era muy alegre y bonita.
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