En cuanto a chicas tampoco hubo nada fijo, pero me parecía linda casi cualquiera que me hablara o tuviera buenas críticas.
Los once años marcaron un cambio en mi rumbo. Dejé de mostrarme tal cual era para ser aceptado por la sociedad y mis compañeros en particular.
Para ello dejé de mostrarme como alguien extrovertido con mucha personalidad, y empecé a imitar y seguir a otros más populares.
Algunos de estos populares eran pibes que habían repetido y que yo empecé a idolatrar. Obviamente no eran buenos ejemplos por lo que mi madre no los quería.
Formé parte del grupo más desobediente, formado por tres integrantes más. Yo seguía teniendo un promedio perfecto pero las profesoras vieron con recelo mi nueva junta y me amenazaron con ponerme mala nota de conducta y con no ponerme de abanderado. Inmediatamente me puse a llorar, algo que hacía cada vez que algo no me gustaba.
Empecé a dedicarle más tiempo a las actividades que les gustaban a ellos como jugar con juegos electrónicos y jugar al Pelota Pie en la plaza. De hecho mejoré bastante mi manera de jugar a lo segundo, pasando de ser el peor al tercero mejor. A lo otro, sin embargo, no aprendería a jugar bien debido a que mi madre no me dejaba ir todos los días como a ellos. De hecho recién este año me dejó volverme sólo a casa aunque viviera a 1 cuadra del colegio.
Mi madre me transmitió sus miedos por lo que recién de grande dejaría de ser tan miedoso. De todos modos siempre tendría parcialmente una cuota de temor por todo.
Mi padre por el contrario no era miedoso, pero si lo fue con nosotros. A pesar de mostrarse liberal frente a nosotros, a mi madre siempre le decía lo que no quería que hiciéramos y ella obedecía.
De hecho a su vez fue un poco egoísta con nosotros ya que nunca nos transmitió, como todo padre hace, sus conocimientos para desenvolvernos mejor en la vida. Siempre decía que lo mejor es no avivar giles.
Unas páginas atrás les conté que vacacioné en la casa playera de mi abuela paterna. Olvidé mencionar que vario años también pasé algunas semanas en el tranquilo y humilde barrio de mi abuela materna. Yo llegué a desear vivir allí, pero más tarde me daría cuenta que los lugares tranquilos no son lo mío. En Aguas de Oro llegué a pasar 2 meses, estando primero con mis padres, luego con mis tíos (que mucho no me quieren) y luego con mis abuelos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario