Aún mejor es cuando mezclás el verdal
con alcohol, como hice en otras ocasiones. Ahí directamente mi cerebro dejaba
de entender qué estaba sucediendo y solo miraba a los otros creyendo que mis
pensamientos eran cosas que estaba diciendo.
Volviendo a la historia, como ya tenía
arreglos con la policía y mi kiosco era el que reportaba las mayores ventas a
mis “jefes” (los que me vendían la mercadería), empecé a conocer a gente más
importante. Algunos de ellos eran policías corruptos y otros los capos
importantes de la banda.
Fue algo bueno y malo a la vez.
Empiezo por lo bueno.
Mi escalada hacia puestos más
importantes jerárquicamente en este mundo, fue relativamente rápida este
segundo año. Siempre manteniendo mi puesto de vendedor en el kiosco, empecé a
venderles a proveedores que exigían más cantidad y a formar parte del brazo
armado cuando había que pelear con una banda de la competencia.
Así fue como llegué a conocer hasta al
eslabón más alto de mi banda y a varios importantes de bandas enemigas. El
problema justamente fue que al conocer a todos los destacables, me di cuenta de
que no eran las personas que habían matado a mi familia.
De todos modos este último tiempo no
fue en vano, ya que aprendí todo sobre este mundo. Y si hay algo realmente
importante que aprendí es que nadie es amigo de nadie, y la traición está
latente todo el tiempo.
Esto último fue lo que me impulsó a
tener encuentros con miembros de bandas rivales, conspirando contra la mía.
Ellos creían que solo buscaba dinero, pero mi objetivo era ganarme su
confianza, conocer a los de esa banda (que quizás fuesen los culpables de lo
sucedido a mi familia) y de paso terminar con las lacras con las que me estaba
relacionando.
Un día les pasé un dato fundamental.
Habría una reunión entre altos dirigentes en un depósito teóricamente de
juguetes, pero que en la práctica almacenaba una gran cantidad de droga.
Le di toda la información necesaria a
la banda rival para que los ataque por sorpresa, les roben toda la mercadería y
maten a todos.
Como recompensa me dieron el
equivalente en dinero, de la mitad de las ganancias que obtendrían de lo
robado.
En ese corto tiempo ya había conocido
a todos los principales de la banda y ninguno era el que buscaba. Por lo que
solo acepté el dinero y no volví a tener relación con ellos.
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