Empecé a pegar carteles por la calle
donde incitaba a la gente a que sospeche sobre su actividad. Al mismo tiempo lo
amenazaba con contarle a su compañero y a los otros sobre su traición y su
intento de asesinato.
A su vez quería ponerlo en contra de
sus nuevos colegas. Por lo que les dejé cartas a ellos para que duden de sus
intenciones. Inventaba mentiras sobre él para que los demás dejaran de confiar
en él.
Todo esto resultó muy bien, estaba
torturándolos psicológicamente y de esta manera no podrían pensar con tanta
claridad y tomar buenas decisiones.
Continué siguiéndolos para ver cómo se
iban dando los resultados. Pude ver como veían con recelo al traidor en todos
los ámbitos (casa, barrio y trabajos). Del mismo modo pude presenciar cómo
estaban ambos nerviosos, sobre todo el otro que estaba realmente estresado y
con miedo de que todos se enteraran de su vida sexual.
Había hecho correr el rumor en su
trabajo de que era homosexual y le hice llegar una carta a su esposa diciéndole
que lo había visto con otras. Pero la prueba, la foto, no la mostré así podía
seguir extorsionándolo.
Lo gracioso es que no podían hablar
entre ellos para preguntarse juntos quién era el que les estaba haciendo esto,
ya que ninguno quería que el otro supiera el secreto.
Un día casi me descubre el traidor. Al
ver que siempre alguien le hacía llegar cartas a él o a su entorno, empezó a
prestar más atención. Debe haber notado mi presencia más de una vez, ya que un
día al verme abre bien grande los ojos y se me acerca. Yo tenía que disimular,
por lo que me quedé quieto en mi lugar haciendo como que no me di cuenta. Me
pregunta la hora y le respondo tranquilo. No conforme, me pregunta qué estoy
haciendo y le digo que nada. Me dice que siempre me ve y que no me conoce, a lo
que le respondo que soy policía y que no tengo por qué dar explicaciones. Se
aleja, no del todo convencido, pero mi actitud simulada lo disuadió un poco.
Debía actuar con más cuidado de ahí en
más. Quizás hasta necesitaría un cómplice. Y esto es lo que hice en un primer
momento, buscar a alguien, pagarle y que deje los mensajes por mí. No era mala
idea pero pondría en riesgo a un inocente. Por este motivo decidí parar con las
cartas y actuar enserio.
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