Una vez recuperado, volví a centrarme
en lo importante. Debía presentar algo a los demás para poder empezar a
investigar el caso que a mí me interesaba.
Para lograr esto debía usar lo que
había investigado sobre ellos. En primer lugar sabía dónde vivían, cuál era su
metodología de trabajo y dónde la desempeñaban.
Era importante en este momento tratar
de unir casos sin resolver con casos que fueran apareciendo bajo el eje de su
metodología de trabajo. Algunos casos seguro habían sido causados por ellos,
otros no, pero yo no buscaba justicia por lo que les enchufaría todo lo que pudiera
usar en su contra.
Paralelo a todo esto, comencé a
enviarles cartas de amenaza de muerte. Quería torturarlos psicológicamente,
para que cada uno de los últimos segundos de su vida sufrieran como yo lo hice.
No solo los amenazaba de muerte a
ellos, sino que amenazaba a sus seres queridos y les escribía cosas que sabía
de su vida personal.
Había averiguado cosas de dos de
ellos. De uno que le era infiel a la esposa con prostitutas. Amaba el sado
masoquismo y a los travestis. Cada día después de “trabajar” (si así se le
puede llamar a lo que hacía el hijo de puta), iba al mismo club nocturno.
Esto lo sé porque lo seguí un día y
entré a este lugar. Allí se te acercaban travestis a ofrecerte sus servicios y
a proponerte experiencias sado masoquistas. Recuerdo que a mí se me acercaron
también y tuve que hablar con ellas, porque el lugar era medio ilegal y solo
entraban interesados.
Me propusieron cosas que no podía
creer que alguien las deseara, desde picanas eléctricas, azotes, esclavitud,
introducción de cualquier objeto. Una locura total, pero algo tenía que elegir.
Por suerte no contemplaba solo que te
hagan todo eso a vos, sino que vos podías hacérselo a una de las que
contratabas, si eso era lo que te excitaba. Elegí tener a uno de los travestis
atado y azotarlo.
Debo admitir que pese a mis prejuicios
me pareció una actividad excitante, aunque en ese momento no lo disfruté para
nada, si uno la hace con alguien que le gusta (en mi caso alguna mujer). Me
imaginé haciendo algo así con mi ex y me calenté, pero la extrañé también.
Pregunté de “curioso” qué es lo que
había pedido el otro hombre (el que yo estaba investigando) y como hay un
ambiente muy íntimo me contaron. Seguro pensaban que como yo les había dicho
que era nuevo, estaba buscando propuestas.
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