Decidí cambiar mi manera de actuar para
ocuparme más del asunto, ya que había pasado una semana y no tenía
noticias. Por este motivo fui a hablar con el abogado que me otorgó
el gobierno en forma gratuita. Éste me dijo que no encontraban a los
sospechosos. Inmediatamente me exalté y le pregunté cómo era esto
posible si describí perfectamente sus rostros. Ni siquiera me
respondió e indirectamente me hechó de su despacho diciéndome que
si sabía de algo me iba a informar.
Pasó un mes y ya me estaba desesperando,
pero un día me llamó y me dijo que habían encontrado a los
sospechosos. Al instante me salió una sonrisa de oreja a oreja y fui
a visitarlo para que me cuente todos los detalles.
Al verlo no llegué a emitir una sola
palabra porque me interrumpió. Me dijo que si bien los habían
identificado, no pudieron encontrar pruebas fehacientes para
condenarlos. Mi cara de no poderlo creer era sumamente notoria, con
mi declaración era imposible que esto estuviese sucediendo.
Al reaccionar empecé a violentarme y a
gritarle. Él intentó calmarme pero no lo logró, por lo que terminó
haciéndome echar por seguridad.
Sentía tanta injusticia e impotencia por
la impunidad que tenían, que fui a la comisaría y agredí a un
oficial de policía. Fui brutalmente reprimido y encerrado por una
noche.
Al otro día me soltaron y fui a la casa de
mi novia, que estaba muy preocupada por desconocer mi paradero la
noche anterior. Empecé a tratarla muy mal, de hecho nunca la traté
muy bien, y hasta llegué a golpearla. Ella entendía por lo que
estaba pasando, así que siguió a mi lado apoyándome.
Cada vez que un familiar me llamaba para
preguntarme, tenía que decirles lo mismo. Al igual que yo, se
enojaban por las malas noticias y me gritaban. Aunque los entendía,
terminaba peleándome con ellos porque el único que se ocupaba era
yo.
Y es que realmente estaba solo, si bien me
acompañaban en el sentimiento y me apoyaban emocionalmente. Del
juicio me ocupaba yo y peleaba porque los culpables terminen de por
vida en una prisión. El solo hecho de imaginar que seguían actuando
y arruinando otras vidas, a medida que se iban enriqueciendo, me
volvía loco.
Al igual que todos los que sufren algo así,
buscaba justicia, pero en el fondo quería matarlos con mis propias
manos.
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