lunes, 2 de abril de 2012

" F(x) = x+b " página 2


Decidí cambiar mi manera de actuar para ocuparme más del asunto, ya que había pasado una semana y no tenía noticias. Por este motivo fui a hablar con el abogado que me otorgó el gobierno en forma gratuita. Éste me dijo que no encontraban a los sospechosos. Inmediatamente me exalté y le pregunté cómo era esto posible si describí perfectamente sus rostros. Ni siquiera me respondió e indirectamente me hechó de su despacho diciéndome que si sabía de algo me iba a informar.
Pasó un mes y ya me estaba desesperando, pero un día me llamó y me dijo que habían encontrado a los sospechosos. Al instante me salió una sonrisa de oreja a oreja y fui a visitarlo para que me cuente todos los detalles.
Al verlo no llegué a emitir una sola palabra porque me interrumpió. Me dijo que si bien los habían identificado, no pudieron encontrar pruebas fehacientes para condenarlos. Mi cara de no poderlo creer era sumamente notoria, con mi declaración era imposible que esto estuviese sucediendo.
Al reaccionar empecé a violentarme y a gritarle. Él intentó calmarme pero no lo logró, por lo que terminó haciéndome echar por seguridad.
Sentía tanta injusticia e impotencia por la impunidad que tenían, que fui a la comisaría y agredí a un oficial de policía. Fui brutalmente reprimido y encerrado por una noche.
Al otro día me soltaron y fui a la casa de mi novia, que estaba muy preocupada por desconocer mi paradero la noche anterior. Empecé a tratarla muy mal, de hecho nunca la traté muy bien, y hasta llegué a golpearla. Ella entendía por lo que estaba pasando, así que siguió a mi lado apoyándome.
Cada vez que un familiar me llamaba para preguntarme, tenía que decirles lo mismo. Al igual que yo, se enojaban por las malas noticias y me gritaban. Aunque los entendía, terminaba peleándome con ellos porque el único que se ocupaba era yo.
Y es que realmente estaba solo, si bien me acompañaban en el sentimiento y me apoyaban emocionalmente. Del juicio me ocupaba yo y peleaba porque los culpables terminen de por vida en una prisión. El solo hecho de imaginar que seguían actuando y arruinando otras vidas, a medida que se iban enriqueciendo, me volvía loco.
Al igual que todos los que sufren algo así, buscaba justicia, pero en el fondo quería matarlos con mis propias manos.

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