Luego de pasar un tiempo inconsciente en el
hospital, me despierto sin entender mucho lo que estaba pasando. Un
doctor se me acerca y me dice que me relaje, que todo iba a salir
bien.
A esta altura ya no confiaba en esta clase
de promesas, pero no me quedaba otra. El médico me informó que
tenía la cara desfigurada, pero que en el tiempo que estuve
inconsciente lograron arreglarme el resto de los daños causados por
las balas y los golpes.
Al verme la cara en un espejo, me di miedo
y asco a la vez. Mi cara me hizo acordar a una chica quemada, que
había visto de chico en el transporte público.
El doctor me dijo que no me preocupara, que
podía recomendarme un cirujano plástico muy bueno para que me
arregle el rostro.
Por este motivo, me curé y fui directo a
ver a este especialista. Mi familia no tenía ni idea de mi paradero
ya que no habían podido identificarme y yo mentí acerca de mi
nombre.
El cirujano me prometió dejarme la cara
igual a como la tenía antes, pero le pedí que me cambie totalmente
la cara. Sin entender ni preguntarme la razón accedió.
Yo tenía un plan. La justicia,
irónicamente, no quiso hacer justicia, por lo que yo debería
hacerlo por mi cuenta. Ya había pensando cómo en el lapso anterior
al juicio. Mi característica de planeador seguía intacta.
Antes de empezar, va, ya había empezado
cambiándome el rostro. Los criminales me ayudaron sin darse cuenta.
Como decía, antes de empezar debía despedirme de alguna forma de mi
novia, ya que no quería que desperdicie su vida buscándome.
Por este motivo le envié una carta
diciéndole que ya no la amaba, que estaba enamorado de otra persona
y que me había ido a vivir a un lugar lejano con ella. Sabía que la
única manera de cortarle y que no intentara volver conmigo era con
una infidelidad. Se lo hubiese dicho en persona, pero mi cara era
diferente y no hubiese tolerado verla llorar ni que me identifique si
me veía por la calle.
Mi plan era matarlos, pero no les iba a dar
el placer de ir preso por ello. Además, quería burlarme de alguna
forma de la justicia y hacer pagar a todos los cómplices y
corruptos.
Para lograr todo esto tenía que hacer una
misión “imposible”. Debía infiltrarme al mismo tiempo entre la
mafia de la droga y la policía. La cara nueva ya la tenía, pero
necesitaba una identificación falsa.
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