Mi vida ya no podría ser la misma. ¿Qué
hacer luego de sufrir una tragedia como esta?, no dejaba de
preguntarme.
Los asesinos no recibieron bien las
órdenes, o decidieron hacer el trabajo rápido y mentirle a su jefe,
ya que no se molestaron en buscarme para acabar conmigo también.
Unos segundos después de que se fueran,
salí del armario y casi lloro al ver semejante masacre ante mis
propios ojos. Los cuerpos sin vida y ensangrentados en el piso, me
ayudaron a aceptar la muerte fácilmente.
En ese momento no sabía si llamar a la
policía, a una ambulancia, a mis amigos o a mi familia, para
contarles la horrorosa noticia. Esta indecisión me llevó a estar
arrodillado y sin hacer ningún ruido frente a ellos, durante unas 3
horas aproximadamente.
Luego de meditarlo bien decidí llamar a un
integrante de cada parte de la familia (materna y paterna), para que
contaran a los demás lo sucedido. Inmediatamente después llamé a
la policía con un estado de paz tan grande, que me preguntaron si
era verdad lo que les decía.
No tardaron mucho en llegar, me pidieron
que salga del apartamento y que me vaya por un tiempo a la casa de
algún familiar o amigo. Pronto tendría noticias de ellos para ir a
declarar ante la justicia.
Como no tenía ganas de ver llorar a mis
familiares, decidí ir a la casa de mi novia. A pesar de que conocía
mi forma de ser, se sorprendía por mi aparente empatía y mi
negativa de hablar con los medios.
Al día siguiente me llaman para declarar.
Les cuento lo que había sucedido con cada detalle que recordaba y
además les explico la situación en la que estábamos viviendo y las
personas con las que se estuvo relacionando mi padre antes del
crimen.
Me prometieron que se ocuparían del caso y
que castigarían a los criminales. Les creí y me fui a lo de mi
novia con algo de satisfacción.
Al llegar no hice otra cosa que acostarme a
dormir, pensando en despertarme cuando todo se haya solucionado y
hasta fantaseaba con la idea de que todo haya sido una pesadilla.
Solo me levantaba para ir al baño a hacer mis necesidades y bañarme,
porque comía en la cama y no hacía ninguna otra actividad más que
preguntarle a Pen, mi novia, si ya tenía noticias sobre el caso.
Ante la reiterada negativa de sus
contestaciones, entré en una depresión aún más seria y empecé a
perder las esperanzas.
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