Pasa un mes más y aunque en teoría el
juicio sigue en pie, no hay ningún avance considerable. Incluso en un momento
la justicia vira su eje y empieza a considerarme sospechoso.
La duda se plantea en base a que yo
estaba en el momento en que los mataron, en que no tenía una muy buena relación
con ellos, en tardar en llamar a la policía como si tuviese algo que ocultar y
en que una prueba psicológica que me hicieron no daba resultados positivos.
Por suerte en poco tiempo mi abogado
pudo demostrar mi inocencia, pero seguíamos sin conseguir que los otros vayan
presos.
Un día salí a caminar por una calle
tranquila, porque solía despejarme un poco, me ayudaba a pensar con más
claridad y a tomar mejores decisiones. A diferencia de otras ocasiones, vi algo
que me impactó realmente.
Como recordarán, yo tenía en mi mente
las caras de los responsables del asesinato de mi familia. Bueno, ese día que
salí a caminar por una zona que no frecuentaba, vi a mi abogado con uno de los
asesinos sentados en un bar, hablando y riendo como amigos.
Mi estado de ánimo se alteró y fui
corriendo a enfrentarlos. Le dije que eran unos hijos de puta y que ahora
entendía por qué el juicio no avanzaba. Mi abogado intentó calmarme y
explicarme que era una reunión de rutina que se hace en todo juicio, pero no le
creí. Le prometí al asesino que todos los culpables iban a pagar por lo que
hicieron y me fui.
Les conté a todos mis seres queridos
lo que sucedía, para que me dieran ideas de cómo proseguir. Me dijeron que
tenga cuidado, pero que denuncie lo sucedido ante la policía y que pida el
cambio de abogado.
Eso mismo hice, pero era muy querido
ese abogado y no me creyeron. De hecho se rieron de mí y me trataron de loco.
Luego pararon de burlarse y me dijeron que confíe en mi abogado, o que me pague
con mi dinero otro, ya que el Estado no me proporcionaría otro.
Ante semejante situación me fui
indignado y me puse a hablar con mis familiares para que alguno pague una
abogado. Increíblemente ninguno se ofreció a pagarlo, solo me “aconsejaron” que
siga exigiendo otro abogado ante la
justicia. Parecía que a ninguno le importaba lo que había pasado. O quizás ya
se habían resignado.
Enojado con la vida decidí esperar al
juicio final y luchar ahí, intentando confiar en la justicia una vez más.
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