A diferencia de mi ideología anterior,
que me llevaba a querer lo mejor para todos, ahora solo me importaba el avance
de la sociedad, ubicarme lo más alto posible en la escala social y así no
pensar en lo otro. Si para el avance de la sociedad se necesitaba gente que
sufra, para que unos pocos podamos gozar de todos los lujos, era un riesgo que
estaba dispuesto a correr. Sé que suena horrible, pero no tenía otra
alternativa y cada uno podría hacer lo mismo (en búsqueda del mismo objetivo
que todos).
El anterior pensamiento de igualar la
felicidad de todos ya no me interesaba. No hay estímulo para vivir si no se
logra lo antes nombrado.
Por primera vez en mi vida empecé a
abusar de mi trabajo. Éste me concedía un gran poder, ya que me garantizaba
tener contacto con mucha gente de buen estatus social, y la posibilidad de aprovecharme.
Comencé a aceptar sobornos de toda clase de delincuentes desde legales a
ilegales (ya expliqué en los otros libros a qué me refiero) y así mejoré mis
ingresos.
En esa época las clases sociales las
podíamos dividir en base a los ingresos familiares. Cada familia de 4 personas
que tuviera X cantidad de ingresos mensuales integraría una u otra clase
social. Quienes recibían menos de $1000 clase F (indigente), entre $1000 y
$2000 clase E (pobre), entre $2000 y $5000 clase D (media baja), entre $5000 y
$10000 C (media), entre $10000 y $20000 B (media alta), y desde ahí en adelante
A (alta, que a su vez se divide entre los que si bien no son los más poderos
pueden consumir casi lo mismo, los nuevos ricos y los ricos tradicionales).
Yo cobraba un sueldo de clase B, pero con
esta nueva ideología y trabajos ilegales empecé a ganar lo mismo que uno de
clase A. Mi mujer súper orgullosa (al creer que me habían subido el sueldo y
que había dejado mi viejo pensamiento que la privaba de lujos), empezó a
tratarme todavía mejor y a disfrutar conmigo de todos los lujos posibles. Ella
dejó de trabajar y empezamos a viajar por el mundo, siempre que yo dejaba a
otro a cargo. En todo lugar al que íbamos comprábamos cosas lujosas y vivíamos
como reyes.
Ella estaba más feliz que nunca,
estaba cumpliendo su sueño y yo disfrutando del mejor sexo de mi vida.
Desaparecieron todas nuestras discusiones, aunque nuestra relación se volvió un
poco más superficial. Empecé a tener relaciones con otras a escondidas, mínimo
una nueva por día. Ella estaba tan concentrada en sus actividades pagas que le
ocupaban todo el día, que ni se dio cuenta.
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