Si bien en un primer momento no creía
en nada de lo que leía, recordé haber escuchado muchas veces sobre personas a
las que la fe les dio un sentido a la vida y los ayudó a superar momentos
difíciles. Por este motivo me abrí a lo que estaba aprendiendo y empecé a
dedicarle gran parte de mi vida.
Todos los días nos despertábamos
temprano, nos repartíamos diferentes tareas que nos mantenían ocupados y
rezábamos 5 veces. Este compañerismo y otros valores que nos inculcaban eran
realmente muy respetables. Debe ser lo que más me gustaba, ya que vivíamos en
un clima de paz (todo lo contrario a la otra parte de la cárcel) y las peleas
no existían (tampoco estaban permitidas).
De todos modos no todo era tan
perfecto, algo esperable en una prisión pero que no me convencía como religión.
Trabajábamos gratis 5 hs diarias (más otras 5 para rezar) y las ganancias iban
para la iglesia (o mejor dicho para la autoridad máxima de la iglesia en la
cárcel) y no para mejorar las cárceles o para el estado.
Sumado a esto, si notaban que algo no
te gustaba (no sé cómo eran tan expertos en esto) te medicaban para
tranquilizarte. No podías oponerte porque te amenazaban con volver a la otra
parte de la cárcel. Yo que soy una persona muy obvia cuando algo no me cierra,
era medicado casi todos los días aunque intentara disimularlo.
Por esas 10 hs, perdía tiempo de
estudio y para escribir. Una vez intenté, como un idiota, preguntarles si podía
rezar menos tiempo para tener más tiempo de estudio. Me respondieron un rotundo
NO
… que no se gastaron en argumentar ni
pude discutir.
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