Me convencí de que ese pensamiento no
llevaba a nada. Uno puede dedicar toda su vida a vivir entre laberintos
mentales, pero esa inseguridad constante provoca que uno viva en un estado de
insatisfacción, también constante. Creer que uno es feliz es un mal necesario,
ya que podés engañarte toda tu vida y evitar ser conciente de la propia infelicidad.
La otra solución es el suicidio, pero
nos cuesta más. Es mucho más difícil de decidir, pero no por ello mejor. Yo creo que en realidad si hay una solución
mejor, pero que no fuimos capaces de descubrir, por eso es quizás mejor tener
una falsa esperanza de seguir viviendo y esperar. Hasta dedicar una vida entera
a pensar podría derivar en descubrir esto, pero es un precio que no estoy
dispuesto a pagar.
Somos esclavos de esta realidad, pero
si no te das cuenta de que estás preso no te ponés triste por no poder salir.
Solo sentís que algo te falta (tu libertad, en esta metáfora) pero, al no saber
qué, no dedicás el mismo tiempo en pensar en ello y por ende en sufrir.
No podía seguir con mi vida si no
encontraba un sentido que me impulsara a eso. Quizás la “energía” que sentí el
otro día era una muestra inconsciente de esa insatisfacción y búsqueda por la
libertad.
Como ya dije antes, las personas
“descubrimos” que mientras más dedicamos nuestro tiempo al resto, contribuyendo
a algo abstracto para mejorarlo siguiendo nuestra subjetividad, menos tiempo
tenemos para preocuparnos por nuestro sentido.
Para poder dejar de sentir este deseo
por explotar y conectarme con mi naturaleza verdadera, volví a ponerme como
objetivo de vida intentar mejorar el mundo que me rodea.
Y es que tanto tiempo dedicado a tapar
esa necesidad básica nos llevó a lograr avances inimaginables en todo lo que
nos rodea. Cada vez tenemos más lujos inservibles que nos sirven para creernos
felices. Incluso competimos entre nosotros para que la sociedad avance (el
único sentido de nuestra vida), así tener más de esos lujos y sentirnos más
felices que los demás.
De esta manera logramos que cuando
vemos a los que tienen más nos demos cuenta que nuestra infelicidad se debe a
que todavía no llegamos a ese lugar, pero cuando vemos a los que tienen menos
que no debemos sentirnos infelices porque otros sufren más.
Esta concepción del mundo que empezó a
dar vueltas en mi cabeza, no me dejó dormir durante 5 días seguidos (ni un
minuto). Estaba despierto como si tomara drogas y no estaba cansado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario