lunes, 25 de junio de 2012

" F(x) = tan 55 " página 25


Si bien era un paraíso en comparación con la otra parte, cada vez me molestaba más. Y es que en la otra parte también obedecías pero todo era menos hipócrita. No estabas todo el día escuchando cómo intentaban reinsertarte en la sociedad en base a ser sodomizado y un esclavo del sistema. Era un verdadero lavado de cerebro para que trabajes y no te quejes. Y lo que más me molestaba es que muchos niños reciban “educación” de esta manera: aprendiendo a no pensar, no quejarte y creer en cosas que no se pueden demostrar.
Además la influencia que ejerce como institución es muy grande. No solo es financiada por el estado (con lo que se les paga abultados sueldos a las jerarquías más altas) sino que lo que digan tiene un gran peso a la hora de decidir las leyes. Su moral retrógrada es una de las cosas que más nos frena para seguir evolucionando.
El hecho de ser medicado tan seguido me estaba superando también. Siempre odie los fármacos y no me gustaba ser controlado de esa manera. Una vez que tomabas esa pastilla, sentías un desgano generalizado. El cuerpo se acostumbraba a no quejarse para no tener que volver a sentirse tan inútil.
Mi único desahogo seguía siendo escribir (y en cierta medida estudiar también, ya que cada vez veía cosas que me interesaban más) por lo que ponía todo mi empeño en ello. Paralelamente empecé a escribir otro libro, pero sobre política. En él escribía todo lo que pensaba sobre el sistema, todos los problemas que le encontraba y posibles soluciones. Habré cambiado mi punto de vista sobre algunos temas miles de veces, pero cada vez estaba más seguro sobre lo que me parecía bueno y malo.
Tuve la suerte de que no sospecharan que escribía sobre política, ya que sabían que escribía el libro sobre mi vida antes de prisión. Estaba totalmente prohibido hablar y escribir sobre política. Una vez encontraron a uno difundiendo material de un partido político de izquierda y directamente lo mataron.
Al principio yo no tenía pensado difundir lo que escribía, pero fue más fuerte que yo. Sentía la necesidad de que alguien lo leyera y poder discutir. Tanto tiempo sin poder debatir con alguien me estaba matando.
Para poder lograr esto hablé con ciertos profesores y les propuse armar una clase de debate (pidiéndoles por favor que no me atribuyeran el crédito). Les encantó la idea, por lo que hablaron con otros profesores y lo organizaron. 

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