sábado, 23 de junio de 2012

" F(x) = tan 55 " página 23


Me contó que quienes tenían buena conducta y se acercaban a la religión oficial del país, eran aceptados en una zona aparte del resto de la cárcel.
Intenté averiguar al respecto y me enteré que para ser incluido en ese grupo alguien debía recomendarme. Ningún policía iba a ayudarme ya que su idea era arruinarme la vida y allí sería casi intocable. Mucho menos alguno de la cárcel que estaba haciendo lo mismo y que si dependiera de ellos ya estarían ahí.
Como ya les comenté en algún momento, estaba estudiando una carrera. Los policías y profesores eran los únicos que tenían contacto con ambas partes de la prisión. Como los primeros no iban a ayudarme, recurrí a los segundos.
Pese a todo lo que me estaba pasando había dos cosas que no había abandonado: la escritura y el estudio. Los profesores, que la mayoría lo hacía por pura vocación, lo notaban y me tomaron cariño. Aprobaba con buen resultado todas las pruebas que me tomaban. A veces no teníamos los recursos para una educación de calidad, pero entre nos las arreglábamos.
Le comenté a mi profesor de mayor confianza, el de Topografía, lo que me estaba sucediendo (antes había evitado mencionarlo, para que no me dieran ningún crédito extra que no mereciera) y le pedí ayuda. Me dijo que averiguaría y me pondría en contacto con alguno, por lo que me puse feliz.
La siguiente clase vi que había un alumno “nuevo”, que inmediatamente fue a hablar conmigo. Me contó que debía rendir un examen sobre el libro principal de esa iglesia y sería aceptado. Me dio una copia de este libro y me puse a estudiar.
Suspendí momentáneamente mis otras actividades en pos de terminarlo pronto, ya que era muy largo. En un mes me propuse a darlo, pero me dijeron que no iba a poder rendirlo bien en tan poco tiempo. Les pedí una oportunidad y me dijeron que sería la única.
Rendí aunque no estaba preparado. Me fui muy decepcionado de mi mismo, la nota me la darían una semana después.
Seguí sufriendo ese último tiempo, y nadie sabía que estaba por irme. Lo único que hacía era ponerme a analizar la probabilidad de haber aprobado. A veces me convencía de que no y otras tenía esperanzas.
Finalmente me dieron la nota y había aprobado. Me puse muy contento y me dieron un abrazo después de mucho tiempo. Me pidieron que junte mis cosas que por la tarde me cambiarían.

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