Me contó que quienes tenían buena
conducta y se acercaban a la religión oficial del país, eran aceptados en una
zona aparte del resto de la cárcel.
Intenté averiguar al respecto y me
enteré que para ser incluido en ese grupo alguien debía recomendarme. Ningún
policía iba a ayudarme ya que su idea era arruinarme la vida y allí sería casi
intocable. Mucho menos alguno de la cárcel que estaba haciendo lo mismo y que
si dependiera de ellos ya estarían ahí.
Como ya les comenté en algún momento,
estaba estudiando una carrera. Los policías y profesores eran los únicos que
tenían contacto con ambas partes de la prisión. Como los primeros no iban a
ayudarme, recurrí a los segundos.
Pese a todo lo que me estaba pasando
había dos cosas que no había abandonado: la escritura y el estudio. Los
profesores, que la mayoría lo hacía por pura vocación, lo notaban y me tomaron
cariño. Aprobaba con buen resultado todas las pruebas que me tomaban. A veces
no teníamos los recursos para una educación de calidad, pero entre nos las
arreglábamos.
Le comenté a mi profesor de mayor
confianza, el de Topografía, lo que me estaba sucediendo (antes había evitado
mencionarlo, para que no me dieran ningún crédito extra que no mereciera) y le
pedí ayuda. Me dijo que averiguaría y me pondría en contacto con alguno, por lo
que me puse feliz.
La siguiente clase vi que había un
alumno “nuevo”, que inmediatamente fue a hablar conmigo. Me contó que debía
rendir un examen sobre el libro principal de esa iglesia y sería aceptado. Me
dio una copia de este libro y me puse a estudiar.
Suspendí momentáneamente mis otras
actividades en pos de terminarlo pronto, ya que era muy largo. En un mes me
propuse a darlo, pero me dijeron que no iba a poder rendirlo bien en tan poco
tiempo. Les pedí una oportunidad y me dijeron que sería la única.
Rendí aunque no estaba preparado. Me
fui muy decepcionado de mi mismo, la nota me la darían una semana después.
Seguí sufriendo ese último tiempo, y
nadie sabía que estaba por irme. Lo único que hacía era ponerme a analizar la
probabilidad de haber aprobado. A veces me convencía de que no y otras tenía esperanzas.
Finalmente me dieron la nota y había
aprobado. Me puse muy contento y me dieron un abrazo después de mucho tiempo. Me
pidieron que junte mis cosas que por la tarde me cambiarían.
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