Supongo que recordaran que estábamos
viviendo en una dictadura. No lo había mencionado, hasta el momento, para
centrarme en los sucesos que llevaron a alienarme y volverme loco.
Olvidé un detalle, no es la dictadura
que están pensando (ya que llamaron a elecciones y los militares habían
“dejado” el gobierno). Si bien teníamos un presidente elegido democráticamente
(aunque creo que ya les expliqué por qué la democracia representativa es una
farsa: elegís entre un número de personas de clase alta que no conocés y tenés
que confiar en sus promesas. De todos modos más adelante quizás me expanda este
tema), éste continuó el modelo económico impuesto por la dictadura y no sacó a
los militares de las calles. Implícitamente estaba prohibida la oposición y las
manifestaciones, ya que eran reprimidas brutalmente.
A mi depresión se le sumaban las
discusiones que tenía diariamente con la gente. Cada uno se preocupaba por sus
problemas inmediatos (nadie analizaba nada a largo plazo) y poco estaban
dispuestos a hacer para solucionar los problemas de fondo.
Dejando solo un poco la ideología que
había gestado, volví a volverme crítico del gobierno y de las injusticias.
Estaba cansado de vivir sin poder expresarme, de depender de las decisiones que
ellos tomen (basándose solo en sus intereses) y de ver todas las idioteces que
hacían.
El colmo es que la gente tenía miedo
de quejarse, sin darse cuenta que son los únicos que pueden cambiar las cosas.
Casi todos querían que los militares desaparecieran del ámbito político por
completo y que se cambiara el modelo económico por uno más cercano al,
paradójicamente, impuesto por la guerrilla. De la nada estaba de moda ser
pro-guerrilla en el sentido económico, ya que cada vez se sufría más.
Nunca nos habían apoyado y terminamos
en donde estamos por culpa de la población. Todos los días me peleaba con la
gente por la misma razón, pero nadie admitía su error. Mágicamente nadie había
apoyado a los militares, ¡increíble!
Este odio hacia la sociedad me llevó a
darme cuenta de que el problema de todo son las personas. En conjunto somos
pésimos tomando decisiones. La democracia no es lo mejor, ya que pocos son los
que se esfuerzan por mejorar el mundo realmente. Los que luchan por los grandes
cambios que mejoran la vida de todos.
El resto son oportunistas que si hacen
algo es para quedar bien y sentirse bien consigo mismos (intentando expiar
culpas).
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