Con el paso del tiempo me di cuenta de
que no estaba siendo feliz. Tener todo lo que deseas no te llena y en un
momento aburre. Además, como había analizado antes, ya no tenía a quién mirar para
arriba (ya que si bien tenía personas que ganaban mucho más, a partir de un
ingreso el nivel de lujos ya no es tan diferente ni lo valorás de la misma
manera). Estaba en la misma que uno de clase F que no tiene a quién mirar para
abajo para sentirse mejor.
Entré en crisis y, al igual que muchos
millonarios que no saben qué hacer con su vida, volví a drogarme. No volví a
usar las drogas anteriores, como si inconscientemente no deseara volver a
quedar enganchado con lo mucho que me había costado salir. Probé varias drogas
nuevas como el “levante” y la “peligrosa”. Me enganché mucho con ésta última,
una ironía para lo que dije antes.
Sufrí una sobredosis mientras tenía
relaciones con una puta adicta. Por suerte no me mató, pero al despertar en el
hospital y darme cuenta que mi mujer se había enterado de todo, me dieron ganas
de estar muerto.
No sabía qué cara ponerle, me moría de
la vergüenza y aún así ella estaba al lado mío ayudándome a recuperarme. Una
vez hecho esto, automáticamente mi cuerpo dejó de necesitar la droga. Es
inexplicable cómo mi cuerpo no padeció las consecuencias de la abstinencia
(aunque debo admitir que tampoco consumía hace mucho tiempo), quizás porque no
quería volver a fallarle a mi novia.
Habrán notado que le digo novia y no
esposa. Esto se debe a que nunca nos casamos y tampoco planeábamos hacerlo. De
todos modos nuestra relación no era menos seria o formal.
A pesar de lo que le hice, accedió a
perdonarme porque me vio muy arrepentido. Me hizo prometerle que no volvería a
hacer ninguna de las dos cosas, o no tendría otra chance con ella. Tampoco me
interesaba hacerlo, no quería perder a la única persona que tenía al lado.
Me di cuenta con esta experiencia que
el amor no pasa por el sexo, ya que ésta no es más que una actividad. La
fidelidad es una norma social más. De todos modos no estaba en condiciones de
hacerle estos planteos, por lo que fueron solo un vago pensamiento.
Nuevamente tenía que buscarle un rumbo
a mi vida, aunque tenía menos ganas. Estaba demasiado decepcionado de mí mismo
y del mundo. Era como si nada valiera nada y me dieron ganas de suicidarme, no
veía otra solución. No le conté esto a Pen para no alarmarla, pero hasta dudaba
del amor que le tenía.
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