Les dije que pelearía uno por uno,
pero me dijeron que yo no ponía las reglas. Empezaron a atacarme cada vez entre
más cantidad, por lo que se me hizo imposible defenderme. A todo eso la policía
solo miraba y se reía.
Cuando ya podían matarme si lo
deseaban, intervino la policía para separarnos. Fui a la enfermería del lugar y
me dijeron que esto era típico y que me acostumbre. Le pregunté si era una
prueba y si ya la había superado. Me contestaron que probablemente sí, pero que
no me metiera con nadie.
Fui a mi celda de nuevo y estaban
ellos. Me fui a mi cama y me tiré sin siquiera mirarlos. Empezaron a burlarme y
preguntarme si estaba listo para ser su esclavo. No les respondí nada y me
dijeron que me dejaban pensarlo.
Al otro día pasó lo mismo, se me
acercaron y me preguntaron si prefería la golpiza o servirlos. Le pegué un
“golpe de martillo” a uno que tenía al lado, una patada en los huevos a otro
que tenía adelante, seguida de una patada en el estómago a uno que tenía atrás.
Rápidamente vinieron otros más a
dejarme en el piso nuevamente. Terminé inconsciente y nuevamente en la
enfermería. Pasó exactamente lo mismo toda la semana, pero no me iba a dejar
aplastar por nadie.
Finalmente un día dejaron de venir a
pegarme y me puse contento. Pero al día siguiente volvieron a golpearme. Es
extraño que hasta llegó a divertirme, ocupaba mi cabeza en algo e intentaba
poner en práctica todo lo que había aprendido. Sin embargo cada vez lo sufría
más y a mi cuerpo le costaba aguantarlo.
Luego de esa vez no volvieron a
atacarme por tanto tiempo que me di cuenta que me habían aceptado. Recién un
mes después empecé a hablar con algunos y a entablar cierta “amistad”. Me
contaron que por lo general pocos aguantan, y que dependiendo de cuántas veces
hayan resistido los tenían como esclavos.
Quienes no habían peleado ninguna vez
eran esclavos durante 8 años, los que lo habían hecho solo 1 vez durante 7 y
así sucesivamente. Los que habían aguantado como yo, las 8 veces, no eran
esclavos nunca (siempre que no rompiera ciertas reglas).
Y así fue como todo empezó a ir
moderadamente bien. Yo empecé a escribir y a ocupar mi tiempo en hacer gimnasia
y estudiar. Por suerte la mejor universidad del país le daba una oportunidad a
los presos, de ocupar su tiempo en estudiar una carrera.
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